Archivo de la etiqueta: Torrente Ballester

20 AÑOS SIN TORRENTE BALLESTER

El 27 de enero de 1999 moría en Salamanca, a los 88 años, el escritor ferrolano Gonzalo Torrente Ballester. Dejó una obra literaria considerada entre las mejores de la narrativa española del siglo XX. Fue también autor de libros de ensayo, crítico de teatro y articulista en numerosas publicaciones. El reconocimiento a su obra culminó con el Premio Cervantes en 1985.
PROFESOR TORRENTE
Cuando se recuerda la obra de Torrente Ballester los comentarios se refieren casi siempre a sus novelas y a veces también a sus artículos y a las críticas sobre teatro, arte y libros que escribió a lo largo de su vida. Sin embargo se olvida o se margina su labor como profesor de Literatura y como autor de manuales docentes como “Literatura Española Contemporánea” en el que muchos aprendimos a valorar en su verdadera dimensión la obra de escritores que estudiamos en ese texto. Y este olvido se produce a pesar de que Torrente Ballester se consideró siempre profesor antes que escritor y articulista, como manifestó en su discurso de la entrega del Premio Cervantes:
Durante medio siglo intenté comunicar a muchas generaciones de mozos y mozas el arte de la Lengua y el secreto de la Literatura. Esta fue mi vocación real; la otra, la complementaria.
Esa “vocación complementaria” la consideraba el escritor como una “diversión secreta”. En el prólogo a sus “Obras completas” Torrente se refiere a la docencia como una actividad que para él fue también un aprendizaje.
Fui, desde muy pronto, profesor, y aunque, en un principio, haya enseñado de todo –por lo que aprendí de todo un poco: si vis discere, doce-, pronto me especialicé en la gramática y la literatura, lo que me obligó a aprender cosas útiles y aplicables a mi diversión secreta… A fuerza de explicarlas a los alumnos aprendí muchas cosas que me vinieron bien…
La docencia, que ejerció también en la Universidad norteamericana de Albany durante algunos años, fue además su único medio de vida. En una publicación inédita en España, “Gonzalo Torrente Ballester. Una perspectiva hispanoamericana” (Ed. Rosgal, 1995), de la profesora uruguaya Myriam Villar, Torrente Ballester afirma:
A mí me gustaba enseñar y fue importante porque yo, que no podía vivir de la literatura, viví de la docencia… cuando envejecí empezó a hacérseme pesado, pero durante 35 ó 40 años hallé una verdadera satisfacción con ello.
ADEMÁS, LA LITERATURA
Pero la Literatura había prendido desde muy temprano en el alma de Torrente Ballester. Desde su primera infancia:
Para que os deis cuenta de cómo era mi aldea voy a contaros algo que sucedió un domingo del mes de enero allá por 1917… venía un hombre a caballo y al pasar por la fuente había descubierto un hada o una ninfa… con las piernas metidas en el agua, que se estaba peinando con un peine de oro los larguísimos cabellos. Al verse sorprendida por el de Viladoniga, que era joven y la miraba, desapareció, no en el aire ni huyendo por el bosque, sino sumida en el agua, como si la hubiese absorbido la fuente (“Dafne y ensueños”).
Había mendigos que venían de sitios desconocidos, que recitaban romances medievales, que hablaban de la Santa Compaña con toda naturalidad; había marineros para quienes los océanos no tenían secretos, que habían estado en las guerras de Cuba y Filipinas y que contaban unas historias fantásticas… (Entrevista de Joaquín Soler Serrano en el programa “A fondo” de TVE).
A pesar de ser el año de 1910, yo nací en la Edad Media (en sus postrimerías, por supuesto). Una Edad Media algo rara, sin embargo, porque, si bien es cierto que en mi aldea procurábamos, de noche, no tropezar con la Compaña, si era viernes podía verse en el cielo, jugando, los reflectores de los barcos de guerra… Por aquel valle donde nací bajaban los vientos más estruendosos, galernas de la mar… Con ese viento y esas historias ¿qué esperaban que fuera?¿Por ventura ingeniero de caminos?… La literatura se aposentó en mis entrañas como un virus contra el que no caben defensas ni se ha inventado aún la vacuna. Me poseyó y posee con esa entereza de algunos amores y de algunas mujeres, no me ha soltado jamás… (“Autobiografía”. Revista “Triunfo”, 1-6-1981)
ESCRITOR GALLEGO
Aunque siempre escribió en castellano, por su temática y por su estilo literario, Torrente Ballester siempre se consideró un escritor gallego
Yo me siento un escritor europeo que escribe en español y en cuya personalidad, por razones obvias, se dan determinadas características que se atribuyen a los gallegos… Pero hay otra cosa más importante: mi lengua madre es el gallego, pero un gallego muy local y muy corrompido, difícil de transformar en literatura, pero que conserva un ritmo peculiar. Por eso todos los escritores gallegos que partimos de ahí, al escribir en español, consciente o inconscientemente, acomodamos la lengua a ese ritmo… Esta es la razón por la cual el castellano escrito por los gallegos tiene ciertas calidades que no tiene ni siquiera el de los propios castellanos. Porque el gallego es una lengua musical, con un ritmo predominante…que trasladado al castellano le da a esta lengua una modulación que no tiene, por ejemplo, el castellano de los levantinos, de Azorín o Gabriel Miró, y que podemos encontrar en cambio en Valle-Inclán, en Cunqueiro, en Cela, y en general en todos los escritores que escriben en castellano partiendo del gallego, como es mi caso. (Entrevista en la revista “Triunfo”. 17-11-1973).
SOBRE EL ÉXITO Y EL FRACASO LITERARIO
Una de las mayores decepciones de su trayectoria como escritor fue el fracaso de “Don Juan”, una novela en la que había puesto grandes esperanzas y que hasta el fin de sus días consideró como una de sus mejores obras. En cambio no entendió muy bien el éxito de otras novelas suyas, como “La saga/fuga de JB”.
Lo de “La saga” no lo entiendo, no lo entiendo en absoluto, porque de todos mis libros es el más difícil, el que lleva más carga intelectual y, según todas las previsiones relativas al lector medio español, era el que estaba condenado a un desconocimiento más amplio, más profundo… Podría encontrar explicaciones parciales, como la de que el libro ha venido a sacarles las castañas del fuego a los españoles que estaban, diríamos, abrumados por el éxito de los escritores hispanoamericanos… Pero yo no soy capaz de entender de una manera satisfactoria y completa el éxito de “La saga”.
LA CENSURA
A pesar de su adhesión al régimen franquista durante la guerra civil y los primeros años de la posguerra (se afilió a Falange Española para salvar la vida), Torrente Ballester tuvo desde siempre problemas con la censura, que llegó a alterar el contenido de algunos de sus libros o a prohibir su difusión, sobre todo después de haber firmado un manifiesto en defensa de los mineros asturianos en huelga.
Imagínate que en 1947 estaban prohibidos Kant, Hegel, Descartes y Unamuno… Claro, nosotros teníamos la ventaja de haber podido leer antes de la guerra prácticamente todo. Nos faltaba lo rigurosamente contemporáneo, pero teníamos lo pasado completo… Te voy a contar mis problemas con la censura. Primer problema: mi primera novela, “Javier Mariño”, tenía un final distinto. El protagonista se marchaba a América. Entonces yo se la llevé a un amigo que tenía en la censura, y este amigo leyó la novela y me dijo: “Hay que cambiar el final”. Entonces yo cometí la torpeza, explicable por mi juventud y porque me hacía cierta ilusión publicar una novela, de falsificar el libro: le cambié el final y todo cuanto fue necesario cambiar, para que el nuevo final quedara justificado… apareció un veinte de diciembre, y el diez de enero siguiente la Policía la retiró de las librerías… La novela no tuvo lectores, ni críticas, ni nada. Después, de las novelas posteriores, “El señor llega” tuvo mutilaciones… En las otras dos novelas de la trilogía, “La Pascua triste” salió íntegra, y de “Donde da la vuelta el aire” faltan un par de líneas sin importancia. Pero cuando presenté “Don Juan” a la censura, el cura que la leyó… le tachó ciento cuarenta páginas. Entonces yo le escribí una carta a Fraga lribarne, que fue alumno mío; Fraga pidió el libro, lo leyó y la novela se publicó sin ninguna tachadura. Y no pasó nada. Lo cual quiere decir que los censores tachan por las buenas. En “Off-side” falta también algo, pero poca cosa. “La saga” salió íntegra, porque no se presentó a consulta voluntaria, sino al depósito previo que marcaba la nueva Ley de Prensa.
IDEOLOGÍA, GUERRA CIVIL Y POSGUERRA
De mentalidad liberal y militante del Partido Galleguista durante los primeros años treinta, Torrente Ballester se unió a la intelectualidad del franquismo en un primer momento como ideólogo convencido aunque, poco a poco, junto con el denominado Grupo de Burgos (Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Antonio Tovar, Luis Rosales, que tenían como órgano de expresión la revista “Escorial”), se fue separando de la dictadura, decepcionado por la deriva del régimen. En el libro “Yo tenía un camarada”, de César Alonso de los Ríos, se recoge una entrevista en la que Torrente Ballester explica al periodista algunos detalles de esta peripecia:
Yo, en realidad, no estaba definido políticamente, pero podía ser acusado genéricamente de izquierdas. Desde luego, de la cáscara amarga. En aquellos tiempos no podías andarte con bromas. En realidad, nunca pude saber si había llegado a correr peligro. Para hacer desaparecer la ambigüedad te afiliabas a Falange… Era un grupo (se refiere al de Laín, Tovar, Rosales y Ridruejo), un subgrupo se ha dicho con acierto, muy coherente. Al tratarse de escritores e intelectuales estábamos abiertos a la realidad. Éramos, en el mejor sentido de la palabra, liberales y en el más odiado en aquel tiempo…
En 1931 Torrente se había manifestado como un firme partidario del socialismo revolucionario, la justicia social y el galleguismo, manteniendo a la vez un sentido católico de la vida. En sus debates con amigos anarquistas y comunistas distinguía siempre entre la creencia en Dios y la crítica a la Iglesia española al servicio de la derecha conservadora. Tras la guerra inició con esta actitud de fondo un proceso de reflexión en el que, con Ridruejo y sus compañeros, fueron alejándose de la ideología totalitaria hasta transformarse en demócratas liberales. En un artículo titulado “Lo que Laín no dice de sí mismo”, publicado en FARO DE VIGO (8-12-1965), Torrente explicaba aquella decepción del Grupo de Burgos con el régimen:
Nuestro pensamiento, diverso en la matización individual, coincidió ampliamente en cierto humanismo, liberal en las cosas del espíritu… y, como además éramos católicos, aspirábamos a la integración de nuestra fe en la más ancha y ambiciosa modernidad. Todo lo cual chocaba con la ideología ambiente, nacionalista, admiradora del pasado sin discriminación, reaccionaria en lo político y lo económico y partidaria de un cierre de fronteras tan hermético que por ellas no pasase un solo pensamiento, una sola idea, que no fuesen subsidiarias y servidoras suyas.

Anuncios

LA CULTURA ESPAÑOLA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

  • Un libro del historiador Juan Pablo Fusi analiza el tránsito de la cultura española desde el franquismo a la democracia

 

El régimen que se impuso en España después de la guerra civil puso fin al gran momento histórico que la cultura española había vivido durante los primeros años del siglo XX. Desde el fin de la guerra y durante la década de 1940 el franquismo impuso en todo el país una cultura controlada por los principios del falangismo en lo político, por la moral nacionalcatólica en lo social, por la glorificación del pasado imperial en lo histórico y por la censura en todos los ámbitos, desde la educación y los medios de comunicación a la alta cultura y la cultura popular. Entre los nombres a destacar en esos años apenas los de Jardiel Poncela y Miguel Mihura en el teatro, Agustín de Foxá o José María Gironella en la literatura, Joaquín Rodrigo en la música y Juan de Orduña en el cine, destacaban en un páramo en el que el oficialismo se apuntaba méritos como la creación de la Orquesta Nacional y la fundación de revistas como “Escorial” y “Espadaña”.
Ni siquiera el regreso del exilio de Ortega y Gasset en 1945 sirvió de revulsivo a una España política y culturalmente adormecida. Las críticas a la cultura española se prolongaron a las décadas siguientes, las de los cincuenta y los sesenta, aunque era evidente que a principios de esta última comenzaba a gestarse un cierto cambio que no pasaba inadvertido. Fue Julián Marías, un filósofo discípulo de Ortega y opuesto al régimen de Franco, quien en torno a 1960 desconcertó a la sociedad española al afirmar que en España se vivía una nueva edad de oro de la cultura. Para ello aportaba los nombres y las obras de Pío Baroja, Azorín, Xavier Zubiri y Menéndez Pidal (que continuaban una labor iniciada antes de la guerra) y los nuevos de Gabriel Celaya, José Hierro y Blas de Otero en la poesía, Rosa Chacel, Miguel Delibes, Ignacio Aldecoa y Camilo José Cela en la literatura, Buero Vallejo en el teatro… Los años sesenta habrían sido el inicio de una nueva cultura española que iba a alcanzar su mejor momento durante los años de la transición política a la democracia. De este recorrido se ocupa el nuevo libro del historiador Juan Pablo Fusi “Espacios de libertad” (Galaxia Gutenberg), un ensayo sobre la evolución de la cultura española durante la segunda mitad del siglo XX.
LOS AÑOS SESENTA: UNA DÉCADA PRODIGIOSA TAMBIÉN EN LA CULTURA
En el filo entre los cincuenta y los sesenta, ya algunos intelectuales del falangismo (Dionisio Ridruejo, Laín Entralgo, Torrente Ballester, Luis Rosales, Leopoldo Panero) se habían ido distanciando paulatinamente del franquismo, desencantados por la deriva cultural de un régimen cuyo monopolio había quedado en manos de los Emilio Romero, José María Pemán, Torcuato Luca de Tena, Gonzalo Fernández de la Mora, Joaquín Calvo Sotelo. La nueva cultura comenzaba su andadura reivindicando la filosofía de Ortega y recuperando las obras de las generaciones del 98 y el 27. También promoviendo otra literatura desde nuevas editoriales (Seix Barral, Taurus, Alianza, Alfaguara), premios literarios (Nadal, Sésamo, Biblioteca breve) y revistas culturales (“Insula”, “El Ciervo”, “Papeles de son Armadans”, “Cuadernos para el diálogo”). La generación del medio siglo (Sánchez Ferlosio, Aldecoa, Juan Goytisolo, Luis Martín-Santos, Caballero Bonald) fue la culminación de una trayectoria que empezaba a dar sus frutos en la década prodigiosa de los sesenta relevando a la literatura del realismo social, que había tenido un estimable papel en la denuncia de los excesos de la burguesía, de la marginación, la injusticia social y los problemas del mundo del trabajo y la emigración. Pero ahora los temas de los que se nutría la literatura eran ya otros, entre ellos una nueva visión de la guerra civil lejos de los estereotipos que venían presentándola como una cruzada o una epopeya nacional heroica. Para los nuevos autores la guerra civil había sido un acontecimiento dramático y una tragedia. Entre los nuevos temas, los novelistas y los escritores de la nueva generación se ocupaban de los problemas de la emigración interior (Raúl Guerra Garrido, Juan Marsé, Francisco Candel), las culturas regionales (Joan Fuster, Federico Krutwig, Alfonso Carlos Comín, Xosé Manuel Beiras), el rescate de las obras del exilio y la edición de las que hasta entonces habían estado prohibidas o silenciadas. El arte recuperaba poco a poco los lenguajes de la modernidad a través de creadores como Tapies, Oteiza y Chillida. Una nueva generación de pensadores, ensayistas e historiadores aportó desde la oposición al franquismo una producción intelectual dirigida a la formación de las nuevas generaciones en los valores de la democracia. Jorge Semprún, Javier Pradera, Manuel Sacristán, Fernando Savater, Eugenio Trias, Tuñón de Lara, Elías Díaz, Juan J. Linz… se adelantaron a la llegada de la democracia desde los medios de comunicación, las editoriales y la universidad con una obra crítica cuyos aspectos pedagógicos eran evidentes.
Con la llegada de la democracia y la desaparición de la censura los lenguajes de la cultura recuperaron su plena libertad expresiva en la literatura (Juan Benet, Eduardo Mendoza, Javier Marías), el cine (Carlos Saura, Víctor Erice) y el arte (Antonio López, Luis Gordillo, Eduardo Arroyo). Pero es evidente que desde al menos diez años antes ya la cultura española se reintegraba al curso de la modernidad y se manifestaba como una fuerza esencial para la recuperación de la conciencia democrática, a pesar de que la censura mantuvo inéditas hasta bien entrada la década de los ochenta las obras de muchos autores en la literatura, el cine y el ensayo.

INÉDITOS DE GONZALO TORRENTE BALLESTER

 

 

Se publican las conferencias que Torrente Ballester pronunció en Vigo en 1973
Entre el 20 y el 24 de agosto de 1973 Gonzalo Torrente Ballester pronunció en Vigo, en unas jornadas universitarias promovidas por la Caja de Ahorros de esta ciudad, cuatro conferencias sobre el género de la novela que permanecieron inéditas hasta ahora, a pesar de que la intención del escritor era publicarlas en un libro o a través de artículos en la prensa, como lo acreditan las correcciones que él mismo hizo sobre los originales mecanografiados. Esas conferencias, acompañadas de otros textos inéditos, son las que ahora se recogen en “Teoría de la novela”, un libro con el que comienza su andadura la nueva editorial Deliberar, una iniciativa ciertamente original de la que hablaremos más adelante.
En “Cuadernos de un vate vago” (Plaza & Janés, 1982) Torrente Ballester ya nos había adelantado algunos de los procedimientos que utilizaba para elaborar las tramas y los desenlaces de algunas de sus novelas. Lo hacía de una manera muy simple, improvisada, como corresponde a unos textos fruto de la transcripción de grabaciones magnetofónicas que él mismo se hacía. Ahora profundiza en estos procedimientos pero además añade algunas consideraciones teóricas acerca del género de la novela y de su papel en la cultura contemporánea.
CÓMO SE HACE UNA NOVELA
Así pues, en “Teoría de la novela” se manifiesta, antes que el novelista, el Torrente Ballester académico y docente, ya que se trata de textos pensados para un auditorio de estudiantes de literatura y de lectores de novelas.
El punto de partida del profesor es el de la asunción de ese pacto no escrito entre el escritor y el lector por el que ambos aceptan, como si fueran verdaderas, las historias falsas que uno crea y el otro consume. Después de teorizar sobre Historia y novela (Torrente Ballester fue profesor de Historia y de Literatura), afirma que entre una obra histórica y una obra de ficción la única diferencia que podemos establecer es que una es real y la otra es ficticia. El interés de la novela, es decir, de una historia que el lector sabe que no es cierta, estriba según Torrente en el interés por el destino de los personajes, de unos seres que el lector sabe que son ficticios, que no existen, pero cuyo itinerario quiere conocer hasta el final. Introduce el concepto de “principio de convivencia”, para explicar esa relación que el lector establece con los personajes de una novela, para cuya creación Torrente concede una gran importancia a la intuición del artista, entendida como la capacidad de empatía que tiene con los personajes que inventa.
Torrente Ballester destaca en el proceso creativo de la novela dos elementos importantes para el escritor: la imaginación y la experiencia, y afirma que la imaginación, por muy fantasiosa que sea, siempre mantiene una cierta relación con la realidad, por eso aceptamos la literatura fantástica, porque se nos presenta de manera que pensamos (según el pacto establecido entre escritor y lector) que es real. En la creación de una historia ficticia el escritor mantiene con la realidad una relación que se manifiesta a través del inconsciente, que Torrente Ballester identifica con la “experiencia almacenada”, con la realidad por lo tanto. Pero no es la realidad la que sirve de materia inmediata al escritor, sino “la experiencia de realidad, inconscientemente transformada y convertida en materia imaginaria”.
Son muy interesantes las reflexiones de Torrente Ballester sobre la interpretación de una novela por parte de los lectores, dependiendo de la cultura de cada lector y del tiempo en que ese lector viva. Incluso caben distintas interpretaciones de un mismo texto por un mismo lector (“Cada vez que un señor lee el Quijote, el resultado es distinto”, dice). Torrente asume aquella afirmación de Unamuno de que a veces la interpretación del lector no coincide con la del escritor porque el libro, una vez publicado, ya no pertenece al escritor, ya es del lector.
Además de las cuatro conferencias, el libro incluye dos textos muy relacionados con el tema del ciclo, “Realismo y realidad en la literatura contemporánea” y “El proceso creador de una obra de ficción”. En ellos insiste Torrente Ballester en que la materia de que se compone la novela no es la verdad sino la realidad: “Hay la realidad de la fórmula matemática, la realidad de la idea abstracta, la realidad del ensueño, la del proyecto e, incluso, la realidad de la mentira”. La realidad, la experiencia personal, la sensibilidad artística, son los elementos fundamentales que Torrente Ballester destaca en un escritor de novelas.
TEXTOS PARA DELIBERAR
Además de una introducción a cargo de la profesora Carmen Becerra, directora de la Fundación Torrente Ballester, en la que profundiza en la obra del novelista como “experiencia de la realidad convertida en materia imaginaria”, el libro incluye otros textos de autores que comentan los contenidos de las conferencias de Torrente Ballester y no siempre (esta es la novedad de estos textos) de manera panegírica, como suele presentarse en ediciones similares. A los elogios del artículo de la escritora Carmen Martín-Gaite (una de las asistentes a aquel ciclo de conferencias de 1973) suceden las críticas fundamentadas a algunos de los argumentos de esta teoría de la novela según Torrente Ballester a cargo de la escritora Cristina Sánchez-Andrade, que cuestiona la idea de “talento” expresada por Torrente Ballester y, a diferencia del autor de “Los gozos y las sombras”, destaca la importancia del oficio en el escritor. Incluso cita textos de Natalia Ginzburg, Edith Wharton y Flannery O’Connor que considera de más valor para la teoría de la novela. Por su parte, el profesor Stephen Miller, uno de los expertos extranjeros en la obra del escritor español, se pregunta si algunas de sus últimas obras (“La princesa durmiente a la escuela”, “Quizá nos lleve el viento al infinito” o “Yo no soy yo, evidentemente”), están a la atura de “Don Juan” o de “La saga/fuga de JB”, algo que sólo el tiempo podrá dilucidar.

ESCENARIOS DE LA LITERATURA DE TORRENTE BALLESTER

La creación literaria es deudora de la memoria y la imaginación. La obra de los grandes escritores se construye sobre estos dos elementos que se combinan y que interactúan a lo largo de las historias tejidas en las páginas de sus libros. La memoria retoma las experiencias a las que el escritor da forma literaria, enriqueciéndolas con la fantasía. Por eso para un escritor son importantes los escenarios en los que ha transcurrido esa vida de la que toma los materiales sobre los que crea su literatura. Muchos de los escenarios sobre los que Gonzalo Torrente Ballester sitúa a los personajes de sus novelas son las ciudades en las que vivió el escritor. Un libro del catedrático José A. Ponte Far, “Las ciudades de Torrente Ballester”, publicado por la Diputación da Coruña, estudia las relaciones de algunas de esas ciudades con la obra literaria de don Gonzalo, en muchos casos fácilmente identificables por las descripciones del propio escritor y en otros a través de detalles más o menos ocultos o simbólicos.
ENTRE EL RACIONALISMO Y LA FANTASÍA
Tres son las ciudades sobre las que Ponte Far ha centrado su investigación. En primer lugar Ferrol, en la que transcurrieron los primeros años del escritor, que nació accidentalmente en casa de sus abuelos en una aldea del valle de Serantes, donde después pasaba temporadas. Ferrol es una ciudad creada en el siglo XVIII con los criterios racionalistas de los arquitectos de la Ilustración sobre la base de una pequeña villa marinera y agrícola. Fue pensada para albergar los astilleros que construirían las naves para la Armada de Fernando VI, y el trazado de sus calles y de sus plazas está ideado en función del utilitarismo y de la distribución de los barrios para las diferentes clases sociales que a partir de ese momento iban a poblarla, con una fuerte presencia del estamento militar. La jerarquía y el conservadurismo eran las principales características de la sociedad en la que creció el futuro escritor, educado bajo estos principios en el colegio de los Padres Mercedarios: “… a los niños de mi pueblo se nos inculcaba una idea del mundo como jerarquía y sistema riguroso de mando y obediencia, ordenado e inmóvil, con un Dios en el centro en cuyo honor se disparaban los cañones” (De “Dafne y ensueños”).
Si la ciudad de Ferrol era el racionalismo, la aldea de Serantes era la magia de la que el escritor también se apropió para su literatura. Su realismo fantástico se nutre en buena medida de los componentes de ambos escenarios. El puerto, el casino de la ciudad, las tertulias, se mezclan en las obras de GTB con las leyendas escuchadas de boca de sus mayores y de las vivencias rurales en las romerías del valle de Serantes, el monte de Chamorro, la ermita de la Virgen del Nordés y la iglesia de San Salvador.
En Ferrol pasó Torrente Ballester una parte importante de su infancia y a Ferrol volvería de manera intermitente a lo largo de su vida: a su regreso de París en 1936 para dar clases en el instituto Concepción Arenal hasta 1939, y más tarde, ya casado con su primera mujer Josefina Malvido, entre 1942 y 1947.
UNA ARQUITECTURA LITERARIA
La otra ciudad que influyó de manera decisiva en la vida y en la obra de GTB fue Santiago de Compostela, una ciudad relacionada con sus estudios y con su labor docente. A Santiago acudía cada año a examinarse de su carrera universitaria, que cursaba por libre, a pesar de lo cual se licenció con Premio Extraordinario. Ganó las oposiciones para impartir la asignatura de Historia Antigua en la Universidad de Santiago y aquí se le concedió una beca para ampliar estudios en París, una estancia que tuvo que interrumpir para regresar a España cuando estalló la guerra civil.
Santiago despertó su interés y su fascinación por la arquitectura, que trasladaría a sus novelas y a sus ensayos. Algunas de las páginas más bellas de su obra se refieren a esta ciudad, que le marcó de forma indeleble y que inspiró una parte importante de su literatura: “… a esta ciudad debo determinadas experiencias que me ayudaron a fortalecer o a corregir las fundamentales que me permiten vivir y escribir” (De “Compostela y su ángel”). Santiago es la Villasanta de la Estrella de “Fragmentos de apocalipsis” y a esta ciudad ha dedicado también el ensayo “Santiago de Rosalía de Castro”, además de numerosas conferencias y artículos.
LA CIUDAD DE LA SAGA/FUGA
Gonzalo Torrente Ballester descubrió Pontevedra en 1928 cuando su padre fue destinado a Vigo, y tuvo la oportunidad de visitarla con frecuencia cuando se trasladó a vivir a Bueu en 1931, donde conoció a Josefina. En Pontevedra descubrió una cierta similitud que la hermanaba con Santiago y Ferrol en sus casas de piedra, sus calles estrechas con soportales, sus plazas recogidas y abiertas… pero además la ciudad tiene un aire que se sobrepone al urbanismo y entronca con el carácter mágico del mundo rural que había vivido en su infancia. De Pontevedra admira también su arquitectura y su ambiente intelectual, sus tertulias y los personajes que pueblan sus calles y sus cafés. Pontevedra es el Castroforte del Baralla de “La saga/fuga de JB”, y de las leyendas rurales de esta ciudad tomó algunas de las mitologías de sus novelas. La ciudad le marcó también de manera muy profunda y así, cuando después de una estancia de diecisiete años en Madrid tuvo que elegir un nuevo destino para su cátedra de Literatura, será el instituto femenino de esta ciudad el que en 1964 tenga el privilegio de sus preferencias. De nuevo las tertulias, de nuevo el encuentro con la mitología de su Galicia, con sus amistades antiguas, con el ambiente de su vida. De nuevo los artículos sobre la sociedad y los problemas de su tiempo, esta vez en su sección “A modo” del FARO DE VIGO, dirigido entonces por Agustín Cerezales. Su hijo Gonzalo Torrente Malvido escribiría sobre la influencia en su obra de estos últimos años en la ciudad: “Pontevedra fue, con sólo dos años y un verano que duró su estancia en ella, una de las etapas más importantes en la vida profesional del novelista, trampolín sobre un segundo ciclo de literario caudal torrentino” (“Torrente Ballester, mi padre”).
OTROS ÁMBITOS
El libro de Ponte Far se asoma también a las relaciones de Torrente Ballester con la ciudad de A Coruña, menos intensas que las que mantuvo con las otras tres ciudades gallegas y cuya Diputación convoca cada año el ya prestigioso premio literario que lleva el nombre del escritor. Pero además en estas páginas se incluye una resumida biografía de Torrente y unos interesantes ensayos sobre su figura y su obra literaria a cargo de Ángel Basanta y Carmen Becerra, un trabajo sobre sus artículos periodísticos en FARO DE VIGO, escrito por César Antonio Molina, y otros sobre los últimos años de su travesía y de las tertulias de Pontevedra y Baiona, que cuentan Francisco Javier Moldes Fontán y Miguel Viqueira, así como un curioso ensayo sobre la faceta poco conocida de Torrente Ballester como crítico de cine, escrito por José Antonio Pérez Bowie.