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EL MUNDO FOTOGRÁFICO DE WILLIAM KLEIN

 

PhotoEspaña acoge una exposición en la que están presentes todos los géneros de este fotógrafo, cineasta y pedagogo norteamericano

Además de fotógrafo, William Klein (Nueva York, 1928) fue pintor, diseñador y cineasta. En 1957 fue llamado por Federico Fellini para trabajar con él en Las noches de Cabiria y luego hizo más de 20 películas y documentales, entre ellas la influyente Broadway by Light, sobre las luces de neón de Times Square, considerada como la primera película pop. Entre las que tuvieron éxito, ¿Quién eres tú, Polly Magoo? (1966), Lejos de Vietnam (1967), Muhammad Ali, the Greatest (1974) y Grands soirs et petits matins (1978), ésta sobre los sucesos de Mayo del 68. Todas estas facetas se recogen en “Manifiesto”, una gran exposición del artista en Madrid, a donde acudió a sus 91 años para estar presente en la inauguración.
William Klein descubrió Europa durante su servicio militar en 1946, y al año siguiente se trasladó a vivir a París, abandonando su ciudad, Nueva York, a la que no regresó hasta 1954, casado con la francesa Jeanne Florian. En París estudió pintura con Fernand Léger y André Lothe. Algunos de sus cuadros de esta etapa, que se han podido ver en raras ocasiones, están presentes en esta muestra.
El interés de William Klein por la fotografía nació cuando experimentaba con sus pinturas abstractas y con el descubrimiento de las obras de Moholy-Nagy y György Kepes. El motivo de su regreso a Nueva York fue una invitación de Alexander Liberman, director de Vogue, para hacer fotografía de moda para esta revista. Estas fotografías, como las publicitarias, se sitúan en la línea de Helmut Newton, Richard Avedon e Irving Penn. Klein sacaba las modelos a la calle para fotografiarlas en escenarios naturales y rodeadas de gente normal. Una de sus modelos, Dorothy McGowan, encarnó el personaje Polly Maggoo de su película. Muchas de las fotografías de moda las publicó en el fotolibro Fashion In and Out. En esta exposición hay una buena selección de ellas.
LA OTRA CARA DE NUEVA YORK
Una gran parte de las mejores fotografías de William Klein son las que están tomadas en la calle (es uno de los grandes creadores de la street photography), donde se esforzaba por hacerse imperceptible para mantener la naturalidad de la gente y evitar sus poses. Para romper con la fotografía tradicional en este género ensayó con ángulos forzados, encuadres torcidos, contrastes y contraluces, deformaciones, barridos y desenfoques y utilizó el gran angular de manera original. También confiaba en el azar, como Cartier-Bresson. Para Klein la fotografía supone sobre todo enfrentarse a la realidad y hacerlo “sin piedad”. Con las fotografías tomadas en las calles de Nueva York publicó en 1956 en París un monográfico sobre la ciudad (Life is Good & Good for You in New York: Trance Witness Revels), haciendo hincapié en su caos urbano y en sus habitantes más desfavorecidos (tal vez por esta visión no encontró editor en Estados Unidos hasta 1996). Ahí están los años 50, definidos así por el propio Klein: «La caza de brujas de McCarthy, los golpes de Estado de la CIA en Irán y Guatemala, los beatniks, los primeros discos de Elvis Presley, Marilyn Monroe, Marlon Brando, la bomba H, la píldora, los rebeldes sin causa, los primeros centros comerciales, las guitarras eléctricas, la carrera espacial, el rock an roll hecho por blancos y, por encima de todo, la televisión. El mejor y el peor de los tiempos a la vez». Klein trató de que todo este universo estuviese en su fotografía. También fotografió las calles de Roma (1958), Moscú (1961) y Tokio (1962). En los 80 y los 90 volvió a París para fotografiar también sus calles.
Por iniciativa suya empezó la publicación de Contactos, una colección de DVD en la que reconocidos fotógrafos (Cartier-Bresson, Koudelka, Doisneau, Helmut Newton, Nan Goldin) cuentan de manera pedagógica sus métodos de trabajo a partir de hojas de contactos y series de transparencias. Las grabaciones se clasifican en tres apartados: La gran tradición del Foto-reportaje, La renovación de la Fotografía Contemporánea y La Fotografía Conceptual. La cadena de televisión cultural francesa La Sept emitió los episodios a finales de los años 80, y Arte en 1992. En pantallas situadas a lo largo del recorrido de esta exposición pueden verse estas piezas, así como escenas de una de sus películas. También se muestran sus “Contactos pintados”, en los que Klein combina la fotografía superponiendo trazos de pintura sobre los contactos de sus negativos.

TÍTULO. William Klein. Manifiesto
LUGAR. Fundación Telefónica. Madrid
FECHAS. Hasta el 22 de septiembre

WOODY ALLEN: OBSESIONES DE UN SEDUCTOR

Para ver “Wonder Wheel”

 

En 1977 el mundo del cine asistió al estreno de una película deslumbrante que situaba definitivamente entre los grandes nombres de Hollywood a un cómico que hacía años venía reclamando un lugar al sol. “Annie Hall” conquistó los corazones de los espectadores por su frescura, por los temas tratados en un guión sin fisuras y por la interpretación de sus protagonistas, Diane Keaton y Woody Allen, éste también director del film. Esta obra maestra recibió los Oscar a la mejor película, mejor director, mejor guion original y mejor actriz principal. Woody Allen no recogió personalmente el premio: aquella noche tenía un concierto con el grupo de jazz con el que toca el clarinete. De todo aquello se cumplen ahora cuarenta años. La efeméride coincide con el estreno de “Wonder Wheel”, la última película de Woody Allen como director.

UNA VIDA DE ESPECTÁCULO

De origen humilde, Woody Allen (Allan Stewart Königsberg, Brooklin, N. York, 1935) comenzó su carrera en  el mundo del vodevil, donde se había hecho un hueco contando chistes desde los escenarios de teatros y clubs de Nueva York  entre números de cantantes, magos y bailarinas. En esa época ya escribía guiones para humoristas como Bob Hope y Arhur Murray y trabajaba para el Show de Ed Sullivan, de la cadena NBC. Fue providencial su encuentro con el productor Charles K. Feldman, que le encargó el guión de “What’s New Pussycat?” (1965), protagonizada nada menos que por Peter Sellers, Romy Schneider y Peter O’Toole, en la que Allen interpretaba a Víctor Shakapopolis, aquel personaje que hacía trampas jugando al ajedrez. El éxito de la película le facilitó el guión de “Casino Royale” (1967), de la que ya dirigió una de sus secuencias. Desde entonces Woody Allen simultaneó papeles de actor en películas como “Sueños de seductor” (Herbert Ross, 1972) y “La tapadera” (Martin Ritt, 1976) con la dirección de sus propias películas, en las que también interpretaba papeles protagonistas: “Coge el dinero y corre” (1969), “Bananas” (1971), “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo… pero temía preguntar” (1972), “El dormilón (1973) y “La última noche de Boris Grushenko” (1975). “Annie Hall” marcó un antes y un después en la carrera de quien es uno de los directores más prolíficos (casi a película por año) y de más éxito internacional. Aunque levanta también polémicas en relación con la calidad de algunas de sus películas, éstas siempre se esperan con expectación y casi nunca defraudan. Aún entre las peores siempre hay un destello de talento. La última secuencia de “Medianoche en París” (2011) es una genialidad que salva la mediocridad de la película (que fue, también hay que decirlo, la más taquillera en Estados Unidos aquel año), y en la denostada “Vicky Cristina Barcelona” (2008) la dirección de Allen consiguió la que tal vez haya sido la mejor interpretación de Penélope Cruz.

OBSESIONES CON HUMOR

El cine de Woody Allen navegó desde siempre entre las influencias de la tradición hollywoodiense y las del cine europeo de Eric Rohmer, Ingmar Bergman y los italianos Fellini y Visconti. Se le reprocha la repetición de temas en muchas de sus películas pero, como cualquier artista, también en su obra emergen sus obsesiones. Una de ellas  es su origen judío. El suyo es un judaísmo obsesionado con las persecuciones nazis y los pogroms y acomplejado frente a los seductores WASP (blancos, anglosajones y protestantes), que trata de superar utilizando el humor como mecanismo de defensa, un humor inteligente típicamente judío con el que subvierte algunos elementos de la alta cultura y del intelectualismo, por el que siente simultáneamente fascinación y repulsión (“se puede ser extremadamente brillante y no tener idea de lo que sucede en el mundo”, hace decir a uno de sus personajes). Los WASP son sus competidores frente a las mujeres que conoce, que siempre aman a otro hombre o terminan abandonándolo, como le ocurrió en la vida real en sus dos primeros matrimonios: Harlene (con la que se casó a los 19 años) y Louisse Laser, cuyos perfiles están en muchas de sus películas, porque el cine de Woody Allen es en gran parte autobiográfico. Sus obsesiones con las mujeres (“todo lo que conocemos del paraíso en la tierra”, dice otro de sus personajes) y con el sexo las sublima también a través del humor, que entrevera con su biografía en la tetralogía “Annie Hall”, “Interiores”, “Manhattan” y “Stardust Memories”, aunque pueden rastrearse aspectos de su vida en casi todas sus películas, desde “Hannah y sus hermanas” y “Radio Days” a “Delitos y faltas” o “Melinda y Melinda”, una obsesión proustiana de reencontrarse con el pasado.

Otra de sus obsesiones es la sicología y el sicoanálisis, un elemento de introspección recurrente a través del que combate las de sus personajes, que son las suyas, fundamentalmente la timidez, la soledad, la muerte y la ausencia de compromiso político militante (en “Coge el dinero y corre” hay una crítica implícita al maccarthysmo). Para superar la angustia existencial se sirve del psicoanálisis y también de la vida sobreocupada de sus personajes, excusa para no tener tiempo para pensar: además del trabajo están el analista, el tenis, la pedicura, las obligaciones con secretarias, ejecutivos y jefes… todo a un ritmo trepidante que convierte su vida en una infernal aventura cotidiana. Algunas de estas obsesiones las encontramos de nuevo en “Wonder Wheel”.