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EL MES DE LOS FOTÓGRAFOS MUERTOS

Este mes de septiembre se ha cobrado la vida de algunos de los mejores fotógrafos y fotoperiodistas contemporáneos. A las de Robert Frank y Peter Lindberg han sucedido las del español Leopoldo Pomés y de Charlie Cole, uno de los fotógrafos de la icónica imagen de Tiananmen que captó a un ciudadano chino frente a un tanque.
“LOS AMERICANOS”, UNA OBRA REVOLUCIONARIA DE ROBERT FRANK
En 1958 se publicó en París uno de los libros de fotografía más revolucionarios del siglo XX. Se titulaba “Los Americanos” y su autor era un europeo que había emigrado a los Estados Unidos en 1947. “Los Americanos” está considerado por algunos como el fotolibro más importante del siglo XX. El prólogo era de Jack Kerouac, el escritor de la generación beat, que era amigo del autor.
El año que apareció en París nadie se atrevió a publicarlo en los Estados Unidos porque se consideraba antiamericano y antipatriótico, por mostrar una visión desilusionada del país. Frank pudo hacer “Los Americanos” gracias a una beca concedida por la Fundación Guggenheim en 1955. Para esta obra recorrió durante dos años más de 16.000 kilómetros a lo largo de 48 estados e hizo 28.000 fotografías, de las que solo seleccionó 83. En ella se documentan aspectos críticos de la sociedad norteamericana, como el racismo, el consumismo, o el culto al automóvil. En línea con autores como el novelista John Steinbeck de “Las uvas de la ira”, o la obra pictórica de Edward Hooper, Frank reflejaba las tensiones sociales y raciales lejos del “sueño americano” del que hablaba la propaganda del presidente Eisenhower. Las fotos hablan por sí mismas de la miseria de la gente de la periferia social, de las diferencias entre blancos y negros, de la desesperación. “Los Americanos” revolucionó el reportaje fotográfico situándolo en la línea del Nuevo Periodismo de los años 60 y proporcionó al lector una interpretación libre sobre las imágenes, introduciendo la polisemia frente a la objetividad. A partir de la obra de Robert Frank los fotógrafos fueron conscientes de que gran parte del significado de sus fotografías lo otorga el espectador. En los Estados Unidos se publicó en 1959 por Grove Press y fue entonces un rotundo fracaso editorial. Sus fotografías no se exhibieron públicamente hasta 2009 en la National Gallery of Art de Washington. Con los años, la obra se convirtió en un referente de la fotografía internacional y creó escuela. El suizo René Burri publicó Les Alemands años más tarde utilizando la misma técnica y las mismas intenciones de Frank.
UNA OBRA DEFINITIVA. FOTOGRAFÍA Y CINE
Robert Frank (Zurich, 1924) murió el martes 10 de septiembre en Inverness, Canadá. De origen judío, padre alemán y madre suiza, quiso probar fortuna en los Estados Unidos y en 1947 se trasladó a Nueva York llevando consigo un portfolio titulado “40 Fotos” gracias al que fue contratado por la revista “Harper’s Bazaar” para hacer fotografía de moda, un puesto en el que duró muy poco. Como freelance publicó también en “Fortune”, “Look”, “Life” y “The New York Times”. En Nueva York conoció a Edward Steichen y Walter Evans, que influyeron en su estilo y en su trayectoria.
En 1948 viajó a Perú y Bolivia, donde hizo fotografías para dos de sus libros, “Indiens pas morts” y “Perú”, en compañía de Pierre Verger y del suizo Werner Bischoff, que murió en un accidente mientras hacía sus fotografías. De regreso a Europa vivió en París y en 1951 se instaló en Londres. Allí realizó las series “Londres” (1951-1952) y “Gales” (1953). En esta última refleja la dura supervivencia de un minero del valle de Caerau y de su familia. En “New York bus”, que sucedió a “Los Americanos”, continuó dando una visión muy personal de América, esta vez con fotografías hechas desde la ventanilla de un autobús. Una de sus obras más representativas es “Black, White and Things”, que recoge imágenes de la lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos. Entre sus últimas series destaca “Memory for the Children” (2001-2003).
La obra de Frank fue calificada como “antiensayo fotográfico”, pues se alejaba tanto del modelo canónico impuesto por la revista “Life” como del documentalismo en boga en los años 50 y 60. Se caracteriza por la mutilación de las imágenes, rasgadas y por momentos cercanas al surrealismo, a las que a veces añade frases escritas sobre la propia superficie de la foto. Frente a la teoría del “momento decisivo” de Cartier-Bresson, Frank decía que ese momento no aparecía por sí mismo sino que había que crearlo.
Aunque poco conocida, su filmografía abarca una veintena de películas, casi todas documentales. Con Kerouac realizó “Pull My Daisy” en 1959, en la que aparecen también los poetas beat Gregory Corso, Allen Ginsberg y Peter Orlovski. En 1969 dirigió “Conversations in Vermont” durante una visita a un internado en el que estaban sus hijos Pablo y Andrea, película en la que también participa María Lockspeiser, la madre de ambos. Colaboró con los Rolling Stones haciendo la portada de su disco “Exile on Main Street” y un documental sobre la gira del grupo por los Estados Unidos en 1972 (“Cocksucker Blues”), en colaboración con el realizador David Seymour. Los Stones quisieron impedir que se proyectase: había escenas de orgías en aviones, consumo de estupefacientes y otras con situaciones incómodas. También realizó “This Song for Jack”, en memoria de Kerouac y “Energy and How to Get It”, con William Burroughs. En “Home Improvements” (1985) se enfrenta a la pérdida de su hija Andrea en un accidente de aviación en Guatemala en 1984, a la enfermedad de su compañera, la artista June Leaf y a la esquizofrenia de su hijo Pablo, que murió en 1994.
En 1972 Robert Frank publicó su autobiografía, “The Lines of My Hand”, ilustrada con imágenes tomadas por él mismo. Su vida y su obra se han recogido también en el documental producido por Robert Fox “Leaving Home, Coming Home. A Portrait of Robert Frank” (1984). Desde 1969 se había instalado en Canadá con June.
EN ESPAÑA
Robert Frank conocía bien España. Había vivido en Valencia y visitado Barcelona, Mallorca y Sevilla (con sus fotos de Valencia, La Fábrica publicó un libro en 2012). En nuestro país han sido muchas las exposiciones de Robert Frank, como la retrospectiva que le dedicó el Reina Sofía en 2001 con el título de “Hold Still-Keep Going”, las que su amigo personal y director de la Tate Modern de Londres, Vicente Todolí, organizó en el IVAM en 1985 y en el MACBA veinte años después con el título de “Arguments”, que incluía algunas fotografías inéditas tomadas en España. En esta última se expusieron por primera vez las de su libro “Perú”, de 1949. En 2007 PhotoEspaña le concedió el Premio de Honor.
LINDBERGH. MODA Y GLAMOUR
Uno de los últimos grandes encargos que recibió Peter Lindbergh fue el de las fotografías para el calendario Pirelli de 2017, la firma para la que ya había trabajado en 1996 y en 2002 (es por ahora el único que repitió tres veces). Para este famoso calendario (The Cal) Lindbergh fotografió a actrices maduras como Kate Winslet, Nicole Kidman, Uma Thurman, Helen Mirren, Penélope Cruz… en las calles de Nueva York y Los Ángeles, tratando de que este trabajo fuese considerado como un acto de rebelión, “un alegato contra el ideal de belleza de hoy, que es una invención comercial”, según sus palabras. Entre las modelos para este último almanaque Lindbergh incluyó a Anastasia Ignatova, una profesora de Teoría Política de la Universidad de Moscú. Con 14 de las 40 fotografías del calendario, Taschen publicó “Shadows on the wall”.
Ya en el Anuario Pirelli de 2014, con el que la firma celebraba su 50 aniversario, Lindbergh había retratado, junto a su colega Patrick Demarchelier, a algunas de las supermodelos más destacadas de aquel momento: Alessandra Ambrosio, Helena Christensen, Isabeli Fontana, Miranda Kerr, Karolina Kurlova y Alek Wek. Pirelli confiaba sobre todo en la audacia, la agudeza y la seguridad de Lindbergh para mostrar la delicadeza de los cuerpos femeninos. Para conseguirlo, el fotógrafo utilizaba un blanco y negro que transformaba en numerosas tonalidades de gris. Lindbergh prescindió del color porque pensaba que añadía estridencia innecesaria a la belleza de las mujeres a las que retrataba. Con el blanco y negro expresaba mejor sus emociones. Su propósito era desnudar el alma de las mujeres dejándolas al descubierto. Una de sus frases preferidas era “las mujeres siempre son más importantes que la ropa”. Para Lindbergh el papel del fotógrafo de moda de hoy es liberar a las mujeres del terror de la perfección y la juventud porque existe una belleza diferente, más real y auténtica, no manipulada por la publicidad.
Como fotógrafo de moda revolucionó el género con sus instantáneas en bruto, sin retoques, sin maquillaje, en las que daba prioridad a la personalidad y al alma de las modelos. Uno de sus resultados estéticos más conseguidos fue el bautizado como “efecto de recién levantado”. Esta postura le supuso algunos desencuentros, como el que sufrió en 1988 cuando la editora americana de “Vogue” rechazó una fotografía tomada a un grupo de modelos (Linda Evangelista, Christy Turlington, Estelle Lefébure, Karen Alexander, Rachel Williams, Tatjana Patitz) en una playa de Santa Mónica vestidas sólo con camisas blancas. La fotografía, que después fue portada de la edición británica en 1990, con los años se convirtió en icónica y es la que mejor define el estilo de Lindbergh.
Entre sus últimos trabajos destacan las fotografías de la boda de Marta Ortega, heredera del imperio Inditex, tomadas en A Coruña en noviembre de 2018, y una serie de la cantante Rosalía para la revista “Vogue España” del pasado mes de agosto. El último puede verse en las páginas de “Vogue UK” de este mismo mes de septiembre editado por Meghan Markle, duquesa de Sussex.
Lindbergh expuso su obra también en museos, como el Kunsthal de Rotterdam. Sus más de cuarenta años de trabajo se recogen en el libro “Peter Lindbergh. A different visión on fashion photography” (Taschen), que incluye textos de Paul Gaultier, Nicole Kidman, Grace Coddington, CindyCrawford y Anna Wintour.
POMÉS. LA RENOVACIÓN ESPAÑOLA
La obra de Leopoldo Pomés, exceptuando la de sus primeros años, se identifica con el glamour y el erotismo publicitario de unas imágenes seductoras, entre las cuales figuran algunas inolvidables para toda una generación, como las burbujas de Freixenet protagonizadas por Gene Kelly y Gwyneth Patrow, y las chicas semidesnudas montadas a caballo en los anuncios del coñac Terry de los años sesenta. Una de esas chicas era la modelo Margit Kocsis y la otra nada menos que Nico, la cantante de Velvet Underground y musa de Andy Warhol, a la que Pomés descubrió en Ibiza durante el viaje de novios con su primera esposa y colaboradora Karin Leiz. Quedó fascinado con su imagen. Era la mujer del futuro y pensó en ella cuando le encargaron el anuncio. Sabía que aunque el coñac era una bebida de hombres, eran las mujeres quienes lo compraban en la tienda y por eso hizo un anuncio con mujeres como protagonistas. Manuel Vázquez Montalbán dijo en alguna ocasión que había que agradecerle a Leopoldo Pomés haber colaborado activamente a la erotización de la sociedad española. Pomés apostaba por la provocación para romper la imagen publicitaria de la mujer española de los sesenta, ñoña y sumisa. Para un anuncio de las sábanas Burrito Blanco (un nombre inventado por él para la empresa de Josep María Juncadella) fotografió a una joven seductora holgazaneando sobre una cama. En su restaurante de Il Giardinetto cuelga “Imagen blanca”, una fotografía de gran tamaño de una seductora mujer en bañador sobre la arena de una playa (la mujer es Karin Leiz). Como publicista fue el responsable de la estrategia de comunicación de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de la ceremonia de inauguración del Mundial de Fútbol de 1982. A pesar de estos éxitos, en 2006 decidió abandonar sus trabajos en la publicidad para centrarse en la fotografía, que continuó teniendo una importante vertiente erótica y glamourosa, como muestran algunas de sus instantáneas de “Blancas, grises y negras” expuestas en 2008 en la Galería Hartmann de Barcelona.
El Ministerio de Cultura concedió a Leopoldo Pomés el Premio Nacional de Fotografía en 2018 “por su contribución a la historia de la imagen en España, con una trayectoria vinculada en sus inicios a la vanguardia artística del grupo Dau al Set y AFAL, y siempre comprometida con la modernidad”. Según el jurado, “Leopoldo Pomés ha participado en la configuración de nuestro imaginario colectivo introduciendo un nuevo lenguaje fotográfico dentro de la publicidad, con una mirada renovada a la sociedad de su época”.
Sin embargo, la obra de Pomés trasciende la publicidad y el erotismo, ya que desde los años cincuenta había comenzado a registrar imágenes de la España que la oficialidad franquista quería mantener lejos de la mirada crítica de la sociedad. Esa España de posguerra estaba muy presente en “Barcelona, 1957”, un trabajo fotográfico que Carlos Barral encargó a un joven Lepoldo Pomés y que es una crónica que explora la ciudad natal del fotógrafo y que, a pesar de su calidad, no pudo mostrarse al público hasta 2013.
Hace unos meses Pomés publicó sus memorias con el título de “No era pecado. Experiencias de una mirada” (Tusquets).

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EL MUNDO FOTOGRÁFICO DE WILLIAM KLEIN

 

PhotoEspaña acoge una exposición en la que están presentes todos los géneros de este fotógrafo, cineasta y pedagogo norteamericano

Además de fotógrafo, William Klein (Nueva York, 1928) fue pintor, diseñador y cineasta. En 1957 fue llamado por Federico Fellini para trabajar con él en Las noches de Cabiria y luego hizo más de 20 películas y documentales, entre ellas la influyente Broadway by Light, sobre las luces de neón de Times Square, considerada como la primera película pop. Entre las que tuvieron éxito, ¿Quién eres tú, Polly Magoo? (1966), Lejos de Vietnam (1967), Muhammad Ali, the Greatest (1974) y Grands soirs et petits matins (1978), ésta sobre los sucesos de Mayo del 68. Todas estas facetas se recogen en “Manifiesto”, una gran exposición del artista en Madrid, a donde acudió a sus 91 años para estar presente en la inauguración.
William Klein descubrió Europa durante su servicio militar en 1946, y al año siguiente se trasladó a vivir a París, abandonando su ciudad, Nueva York, a la que no regresó hasta 1954, casado con la francesa Jeanne Florian. En París estudió pintura con Fernand Léger y André Lothe. Algunos de sus cuadros de esta etapa, que se han podido ver en raras ocasiones, están presentes en esta muestra.
El interés de William Klein por la fotografía nació cuando experimentaba con sus pinturas abstractas y con el descubrimiento de las obras de Moholy-Nagy y György Kepes. El motivo de su regreso a Nueva York fue una invitación de Alexander Liberman, director de Vogue, para hacer fotografía de moda para esta revista. Estas fotografías, como las publicitarias, se sitúan en la línea de Helmut Newton, Richard Avedon e Irving Penn. Klein sacaba las modelos a la calle para fotografiarlas en escenarios naturales y rodeadas de gente normal. Una de sus modelos, Dorothy McGowan, encarnó el personaje Polly Maggoo de su película. Muchas de las fotografías de moda las publicó en el fotolibro Fashion In and Out. En esta exposición hay una buena selección de ellas.
LA OTRA CARA DE NUEVA YORK
Una gran parte de las mejores fotografías de William Klein son las que están tomadas en la calle (es uno de los grandes creadores de la street photography), donde se esforzaba por hacerse imperceptible para mantener la naturalidad de la gente y evitar sus poses. Para romper con la fotografía tradicional en este género ensayó con ángulos forzados, encuadres torcidos, contrastes y contraluces, deformaciones, barridos y desenfoques y utilizó el gran angular de manera original. También confiaba en el azar, como Cartier-Bresson. Para Klein la fotografía supone sobre todo enfrentarse a la realidad y hacerlo “sin piedad”. Con las fotografías tomadas en las calles de Nueva York publicó en 1956 en París un monográfico sobre la ciudad (Life is Good & Good for You in New York: Trance Witness Revels), haciendo hincapié en su caos urbano y en sus habitantes más desfavorecidos (tal vez por esta visión no encontró editor en Estados Unidos hasta 1996). Ahí están los años 50, definidos así por el propio Klein: «La caza de brujas de McCarthy, los golpes de Estado de la CIA en Irán y Guatemala, los beatniks, los primeros discos de Elvis Presley, Marilyn Monroe, Marlon Brando, la bomba H, la píldora, los rebeldes sin causa, los primeros centros comerciales, las guitarras eléctricas, la carrera espacial, el rock an roll hecho por blancos y, por encima de todo, la televisión. El mejor y el peor de los tiempos a la vez». Klein trató de que todo este universo estuviese en su fotografía. También fotografió las calles de Roma (1958), Moscú (1961) y Tokio (1962). En los 80 y los 90 volvió a París para fotografiar también sus calles.
Por iniciativa suya empezó la publicación de Contactos, una colección de DVD en la que reconocidos fotógrafos (Cartier-Bresson, Koudelka, Doisneau, Helmut Newton, Nan Goldin) cuentan de manera pedagógica sus métodos de trabajo a partir de hojas de contactos y series de transparencias. Las grabaciones se clasifican en tres apartados: La gran tradición del Foto-reportaje, La renovación de la Fotografía Contemporánea y La Fotografía Conceptual. La cadena de televisión cultural francesa La Sept emitió los episodios a finales de los años 80, y Arte en 1992. En pantallas situadas a lo largo del recorrido de esta exposición pueden verse estas piezas, así como escenas de una de sus películas. También se muestran sus “Contactos pintados”, en los que Klein combina la fotografía superponiendo trazos de pintura sobre los contactos de sus negativos.

TÍTULO. William Klein. Manifiesto
LUGAR. Fundación Telefónica. Madrid
FECHAS. Hasta el 22 de septiembre