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CUNQUEIRO Y EL PERIODISMO

Se publica una antología de artículos que Álvaro Cunqueiro publicó entre 1930 y 1981

         Este “Faro de Vigo” que acoge mis colaboraciones desde hace ya más de diez años tiene para mí un especial significado. Fue prácticamente en las páginas del Faro donde aprendí a leer y fue leyéndolo donde se despertó mi vocación de periodista. Fue en el Faro donde publiqué mi primer artículo allá por 1972  y nunca le agradeceré lo suficiente a este medio que me haya revelado el mundo que descubrí un día en un artículo deslumbrante de Álvaro Cunqueiro, de su serie El envés, que me llevó a explorar su fascinante literatura. Desde aquel día busqué siempre todos los enveses que el Faro publicaba en su última página, los recortaba y los coleccionaba para que no se me escapasen por los desagües de la memoria. Por algún sitio debe andar aún ese legajo que iba creciendo con el tiempo.

Una sentencia muy celebrada entre los periodistas para justificar la tiranía de la actualidad dice que “no hay nada más viejo que el periódico de ayer”. No es verdad. Primero porque el periódico de ayer es la historia de pasado mañana, pero sobre todo porque un periódico no está hecho sólo de noticias, artículos de actualidad, crónicas y reportajes. Hay un género, el periodismo literario, que no sólo se mantiene vivo siempre, sino que con los años adquiere nuevos valores. Algunas de las mejores obras de la literatura universal, como “Spleen de París” de Baudelaire, lo mejor de Mariano José de Larra o los “Textos costeños” de García Márquez, por citar algunos ejemplos, no son sino recopilaciones de artículos que sus autores publicaban en los periódicos de la época. Y su lectura transmite ahora la misma intensidad que en el momento en que fueron escritos. Es una pena que estos artículos de los diarios queden en el olvido, devorados por el tráfago de la información, y por eso es encomiable la labor de recuperación que sobre algunos se llevan a cabo con cierta frecuencia. Hace unos años Cesar Antonio Molina rescató los que Gonzalo Torrente Ballester publicó en este mismo Faro de Vigo bajo el epígrafe de A modo. Y ahora llega a las librerías una recopilación de doscientos artículos representativos de la obra que Álvaro Cunqueiro fue publicando en periódicos y revistas desde 1930 hasta su muerte en 1981, y aún después, puesto que algunos son póstumos. El título de esta escolma es “Al pasar de los años”, que es también el de uno de los artículos de Cunqueiro que se incluyen aquí. El autor de esta recopilación, Miguel Somovilla, también periodista, ha llevado a cabo un ingente trabajo de recopilación y clasificación, muy riguroso y muy detallista, para cuya elaboración acudió a las fuentes originales en las bibliotecas y las hemerotecas que atesoran los periódicos en los que escribía Cunqueiro y firmaba con su nombre o con seudónimos como Álvaro Labrada, Patricio Mor, Manuel María Seoane. Estos artículos constituyen una parte esencial de la obra literaria del escritor de Mondoñedo y esta selección es una prueba evidente del valor literario de los textos periodísticos de Cunqueiro. A destacar también la excelente edición de Biblioteca Castro, que incluye una extensa bibliografía, una completa cronología de la vida y la obra de Álvaro Cunqueiro, una exquisita reproducción de fotografías y un epílogo que recoge una entrevista de Francisco Umbral al escritor mindoniense y dos artículos, firmados por Juan Cueto y Francisco Carantoña Dubert, a los que se añade otro de Miguel Somovilla sobre las relaciones de Álvaro Cunqueiro con el periodismo.

Somovilla ha clasificado los artículos seleccionados en diez apartados temáticos, atendiendo a las materias a las que Álvaro Cunqueiro se aplicaba con más dedicación. Se inicia con la poesía, no sólo por ser lo primero que Cunqueiro publicó en un periódico (un soneto en la revista “Vallibria” en marzo de 1930) sino por el amor que el escritor sentía por el género. Porque aquí no están sólo algunas de sus poesías, sino los artículos que escribió sobre autores y poemarios dentro de su dedicación a la crítica literaria.

Galicia es una presencia constante en la obra de Álvaro Cunqueiro. En su obra literaria y también en sus artículos. Por eso en el capítulo titulado “Un mapa de Galicia” Somovilla incluye los que dedicó al paisaje, las gentes, la cultura y los problemas de su tierra. Unido a todo eso y a la historia de Galicia, el Camino de Santiago es otra de las constantes a las que el escritor dedicó muchos de sus trabajos periodísticos. Cunqueiro hizo el camino en dos ocasiones y en ambas dejó constancia de su paso por los itinerarios que realizó en artículos que en el capítulo “Por la ruta jacobea”, están incluidos en ‘Camino de Santiago. De Roncesvalles al Cebreiro’ y ‘Por el camino de las peregrinaciones. De Piedrafita a Compostela’.

También está aquí muy representada su pasión por el mar y por los paisajes marineros en el capítulo “El mar que nos rodea”, con artículos que hablan de faros y de olas, de islas y de sirenas, de leyendas marinas y de personajes fantásticos. Y, claro, no podía estar ausente la gastronomía, a la que dedicó libros enteros y multitud de artículos que aquí se agrupan bajo el título “De varia coquinaria”. Su interés y su curiosidad por las ciencias ocultas, la cartomancia, la astrología y la sanación por procedimientos al margen de la medicina oficial, se agrupan aquí en dos capítulos de títulos elocuentes: “Aprendiz de brujo” y “Días de curación”, en los que trata de explicar que “en un mundo como el nuestro, de alta tecnología, racional, automatizado, puesto a ser dirigido por ordenadores, cada día aparece más patente la necesidad de lo maravilloso, de lo irracional, de prodigios […] que garantizan el desarrollo de situaciones que podemos llamar de milagrería”.  Y otro de sus temas predilectos, el de los ángeles y los demonios, agrupa con este título los artículos dedicados a esos seres cuya existencia defendió apasionadamente y para los que preparaba un diccionario que nunca llegó a ver la luz. Finalmente, la última hoja del calendario de la vida de Cunqueiro se podría identificar con esos artículos sobre almanaques y calendarios (“relojes de los meses”) en los que, al hilo de los días, “al pasar de los años”, Cunqueiro iba registrando todo lo que su mirada alcanzaba a ver de una cambiante Galicia que entraba en la modernidad: las cocinas de butano que arrumbaban a las lareiras, la invasión de la televisión que liquidaba las historias orales de los mayores… junto a las evocaciones de las noches de San Juan, las Navidades, los comienzos y finales de las estaciones del año… el mundo fascinante de Álvaro Cunqueiro al que estos artículos nos acercan con toda la fuerza de su mejor literatura.

LA MUJER EN LOS GRANDES TEMAS DEL FOTOPERIODISMO

Una exposición de National Geographic recoge algunas de las fotografías icónicas de la situación de la mujer en el mundo

 

         La sede de National Geographic en Washington atesora, desde su fundación en 1888,  una colección de más de 60 millones de imágenes, entre diapositivas, negativos y placas fotográficas. Muchas han sido publicadas y otras permanecen inéditas. De ellas, unas cincuenta fotografías pueden verse estos días en una exposición en el madrileño Palacio de Gaviria, que recoge el pasado y el presente de las mujeres de todos los continentes.

Las cincuenta fotografías que cuelgan en el Patio Andaluz de este edificio se ordenan en seis apartados que reúnen imágenes de mujeres identificadas con una cualidad de las protagonistas de cada sección: la alegría, el amor, la sabiduría, la fortaleza y la esperanza. Son mujeres que han protagonizado, casi siempre desde el anonimato, acontecimientos de la historia de la humanidad, historias conmovedoras y extraordinarias; mujeres que desafiaron situaciones difíciles, superaron adversidades y abrieron nuevos caminos como pioneras de reivindicaciones y derechos. El conjunto de estas fotografías ilustra la evolución de la situación de la mujer en el mundo a través de imágenes que muestran una gran variedad de situaciones, desde la tradición a la provocación.

La fotografía más antigua que se puede ver en esta exposición fue tomada por L. Gauthier en 1919. En ella se ve a dos muchachas jóvenes ataviadas con trajes tradicionales que llevan unos ramos de flores que simbolizan la amistad. Desde esta imagen a la más reciente, realizada en Kenia por Nichole Sobecki en 2018 y que recoge a una corredora de fondo keniata bailando con unos estudiantes, se organiza un itinerario en el que cuelgan imágenes captadas por todo el mundo por hombres y mujeres fotoperiodistas, entre las que figuran nombres como Amy Toensing, Ami Vitale, James Natchtwey, Newsha Tavakolian, Lynsey Addario, J. Abercrombie o la española Marisa Flórez, comisaria de la muestra, que ha elegido como su aportación a la exposición la de un grupo de mujeres de la cárcel de Yeserías tomada en 1981. Aproximadamente la mitad de las fotografías que se pueden ver aquí fueron hechas por hombres. Algunas son muy conocidas, como la de Sharbat Gula, la niña afgana que el fotógrafo Steve McCurry hizo en junio de 1984 en un campo de refugiados de Pakistán, con la que volvió a encontrarse en octubre de 2016 en las montañas de Tora Bora en Afganistán. Junto a ella, fotos curiosas, como la de J. Baylor Roberts de dos mujeres que se pintan los labios la una a la otra sumergidas bajo el agua en Wakulla Springs, en Florida. O las de la celebración de la fiesta hindú del amor en el templo de Gopinath en la India y la misma celebración en los Estados Unidos por dos jóvenes occidentales.

A lo largo de los 130 años de historia de National Geographic la mujer ha sido una presencia activa en el legado de esta institución. Su archivo histórico se ha convertido en una herramienta fundamental para estudiar la evolución de la mujer a través del tiempo en todo el mundo: cómo han sido percibidas y tratadas, cuánto poder han tenido, cómo se enfrentaron a los desafíos a los que las sometían las sociedades en las que vivían  o cómo ocupaban su tiempo.

La fotoperiodista Sarah Leen señala que la revista “National Geographic” publicaba sus fotografías a principios del siglo XX con muchas limitaciones técnicas y desde un punto de vista ideológico dominado por la visión occidental colonialista. Las mujeres se exponían como bellezas exóticas, con trajes tradicionales o con los pechos desnudos. Detrás del objetivo estaban entonces mayoritariamente hombres blancos. Con la evolución de la tecnología las imágenes de las mujeres se volvieron más activas pero aún recogían sobre todo arquetipos tradicionales: mujeres, hermanas, madres.

Durante la Segunda Guerra Mundial las mujeres contribuyeron al esfuerzo bélico trabajando en la industria y en los hospitales y colaborando en labores del ejército. En la posguerra la revista retomó la perspectiva más doméstica, abandonada durante el conflicto, de mujeres sonrientes y felices. En los setenta llegó una fotografía que ya captaba una imagen de la mujer en la que se resaltaban sus valores y desde entonces una variedad muy amplia recorre el espectro de las páginas de “National Geographic” dando a conocer a los lectores de esta publicación la realidad de la situación de la mujer en prácticamente todo el mundo.

 

https://www.youtube.com/watch?v=CsU43-BKolg

 

 

 

TÍTULO. “Women. Un siglo de cambio”

LUGAR. Palacio de Gaviria. Madrid

FECHAS. Hasta el 31 de mayo

EL NUEVO PETRÓLEO

CÓMO INTERNET DOMINA LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA

 

La aparición simultánea de varios libros que hablan de cómo se controlan a través de internet el periodismo y las decisiones políticas, las culturas y las economías del mundo, debe servir para alertar a la sociedad y defender la independencia de los ciudadanos ante lo que ya se ha identificado como una nueva dictadura. Curiosamente dos de estos libros llevan en su título este término.
EL NUEVO PETRÓLEO
Durante la última mitad del siglo XX los procesos electorales se estudiaron minuciosamente por los equipos de campaña de los candidatos y por analistas de prestigio para conseguir el apoyo de los votantes. “Cómo se vende un presidente. Por qué ganó Nixon las elecciones presidenciales”, de Joe McGuinniss (Península, 1970) o “Elecciones por ordenador” de Perry Roland (Tecnos, 1986), fueron en su momento herramientas muy eficaces para conseguir votos y para cambiar las voluntades de votantes adversarios. A nadie se le ocurriría poner hoy en práctica esos métodos porque a pesar de que hace apenas un cuarto de siglo se aplicaban con éxito, se han quedado totalmente obsoletos frente a las nuevas técnicas. En “La dictadura de los datos” (Harper Collins), Brittany Kaiser cuenta cómo se llevan ahora las campañas electorales y cómo se utilizan los datos para conseguir resultados a veces sorprendentes.
“En la era digital, los datos son el nuevo petróleo”. Esta frase de Alexander Nix resume la importancia de disponer de un gran banco de datos para operar en todas las esferas de la vida contemporánea. Nix es el fundador de Strategic Communication Laboratories (SCL) y de Cambridge Analytica, en cuyo staff figuran nombres como Steve Bannon y los millonarios Robert y Bekah Mercer, cuyas actividades influyeron en algunas de las operaciones más importantes llevadas a cabo en los últimos años, entre ellas el Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Lo hicieron gracias a arsenales de datos de un tamaño y un alcance sin precedentes (los Big Data) cuya utilización es capaz de hacer pensar, votar y actuar a los individuos incluso de manera diferente a como lo habían hecho hasta entonces. Y lo más sorprendente de todo esto es que somos los propios ciudadanos quienes facilitamos gratuitamente a esas empresas los datos con los que operan. Lo hacemos a través de las redes sociales, los wasaps, los movimientos bancarios, las compras online y todos los procedimientos que quedan registrados para que esas grandes empresas conozcan de una manera muy precisa los comportamientos de cada uno de nosotros y la manera de poder cambiar nuestras conductas. A través de la segmentación de la gente en función de sus personalidades y de sus preocupaciones se obtienen conocimientos suficientes para poder microfocalizar a los ciudadanos y aplicar los procedimientos más convenientes para obtener los resultados perseguidos. Los mensajes se elaboran a medida para cada persona según sus necesidades. Conociendo las motivaciones subyacentes de cada individuo en el momento de comprar un producto o de adquirir una determinada información, se obtienen las “palancas de persuasión” capaces de cambiar sus comportamientos. En relación con los votantes indecisos, por ejemplo, se pueden categorizar sicográficamente a esos votantes para utilizar el método más conveniente para convencerlos. Así pues, la gente no sólo vota el día de las elecciones sino que lo hace cada día con sus compras, con lo que hace con su tiempo libre, con sus clics, sus publicaciones, sus “me gusta” y sus tuits. Las empresas sacan beneficios millonarios de todos esos datos, que los ciudadanos no somos conscientes de estar regalando.
La base de datos de Cambridge Analytica llegó a tener toda la información personal de cada votante estadounidense, unos cinco mil puntos de datos de cada uno de los 250 millones de norteamericanos. Uno de los accesos era la red social Facebook, a través de la que llegaban a sus usuarios y a los amigos de cada uno de estos, a veces violando las condiciones de uso y las leyes de protección de datos.
Brittany Kaiser era una convencida demócrata que participó como voluntaria en la campaña de Barack Obama y que fue fichada por Alexander Nix para trabajar en el equipo electoral de las primarias del republicano Ted Cruz. Cambridge Analytica se ocupó simultáneamente de la campaña de Trump en el convencimiento de que éste nunca tuvo la intención de ganar las elecciones y por lo tanto no suponía una amenaza para Cruz. La caída de Cruz en la intención de voto hizo que todos los esfuerzos fueran trasladados a la campaña de Trump.
Tras los resultados del Brexit y el triunfo de Trump, Brittany Kaiser se planteó su trabajo en Cambridge Analytica y decidió denunciar los métodos utilizados para conseguir aquellos resultados: el miedo y los instintos más básicos, la manipulación, los procedimientos para enfrentar a unos ciudadanos contra otros… en fin, la creación de una herramienta despiadada, efectiva y, lo más peligroso para la democracia, expansible: “Había ayudado a construir la maquinaria y había sido testigo de cómo Trump, Facebook y el Brexit desbarataban la democracia delante de mis ojos colándose en nuestra vida digital para usar nuestros datos en nuestra contra”. Y escribió este libro cuya lectura resulta apasionante.
LA DICTADURA EN EL PERIODISMO
Son varias las causas que han incidido en la crisis de la prensa pero ninguna ha afectado de forma tan decisiva como la irrupción de internet en los años de tránsito entre los siglos XX y XXI. Aplicada a los medios de comunicación, se trata de la revolución tecnológica más influyente en la historia del periodismo. Por una parte internet ha puesto en manos de los profesionales una herramienta cuya utilidad ha superado a todas las que se utilizaban hasta el momento de su aparición en las redacciones de los periódicos. Pero al mismo tiempo ha supuesto el nacimiento de una competencia imprevista que ha obligado a cambiar todos los paradigmas en los que se basaba el periodismo tradicional para llegar con eficacia a sus lectores.
Bernardo Marín, periodista y experto en nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación, ha analizado las consecuencias que ha supuesto para la prensa la aparición de internet y su aplicación a las redes sociales, así como los desajustes que ha traído consigo al mundo de la información periodística. En “La tiranía del clic” (Turner) hace un recorrido por las ventajas y sobre todo por los inconvenientes a los que se enfrenta el periodismo del siglo XXI en la era de internet.
Una primera premisa en la que se basa el análisis de la actual situación parte de la preocupación de los medios por conseguir mayores audiencias. El objetivo es legítimo y tampoco es nada nuevo, pues en todas las épocas la rivalidad entre los periódicos se ha basado en superar las tiradas y el número de lectores de la competencia. La diferencia ahora, en las publicaciones en internet, es que para conseguirlo se utilizan procedimientos de dudosa profesionalidad y de muy baja calidad periodística, hasta el punto de que con frecuencia se pueden calificar de fraudulentos. Para aumentar sus audiencias, estos procedimientos van desde la publicación de noticias falsas con oscuros intereses y objetivos desestabilizadores, a la propagación de listas tramposas y manipuladas sobre los más variados temas; de la introducción de elementos de espectacularización en las informaciones a la utilización de titulares como cebo para conseguir que el lector los “pinche”, aunque no lea los textos o, como ocurre con frecuencia, se frustre a causa de la falta de interés de la información que sigue a esos prometedores titulares. Y es que para la contabilidad de las audiencias no cuenta si se leen las informaciones, si se abandonan en las primeras líneas o si el lector ha quedado satisfecho con la información. Lo único que cuenta es el “pinchazo” porque de su número dependen los ingresos obtenidos a través de la publicidad, que acude a aquellos medios que registran mayor número de visitas, un procedimiento conocido como CPM (Coste por Mil Impresiones), que actualmente se tasa en unos diez euros. De este modo las redacciones, convertidas en máquinas de conseguir audiencias, priorizan la puesta en práctica de trampas para conseguirlo en lugar de centrarse en los contenidos. Como consecuencia, no sólo se pone en riesgo la calidad (incluso la veracidad) de las noticias, con su consecuente influencia en la opinión pública, sino también la independencia de los profesionales y de las empresas que, además de los poderes fácticos y de la publicidad, han de enfrentarse ahora también a las grandes compañías de medición de audiencias, que jerarquizan de manera decisiva la contabilización de las visitas a un medio, induciendo a la publicidad a anunciarse en él o a marginarlo del mercado.
Para superar esta situación crítica, el autor de “La tiranía del clic” propone sobre todo que el periodismo oriente sus esfuerzos a mejorar la calidad de las informaciones y a vigilar su veracidad. Y también a detectar aquellos asuntos que interesan a la gente y que pasan desapercibidos. Para el autor de “La tiranía del clic”, tampoco la limitación de la gratuidad para acceder a los contenidos ha resultado eficaz para aquellos medios que han decidido activarla en algún momento, porque al reducir sus visitantes también disminuyen sus ingresos por publicidad.

EL MURO DE BERLÍN: AUGE Y CAÍDA DEL SÍMBOLO DE LA GUERRA FRÍA

A pesar de que su presidente Walter Ulbricht lo había negado tan sólo dos meses antes, el domingo 13 de agosto de 1961, la República Democrática Alemana dividió la ciudad de Berlín en dos mitades elevando un muro de cemento de 155 kilómetros que aisló a los tres sectores occidentales del territorio controlado por la URSS. El objetivo era frenar el flujo creciente de refugiados que huían al Berlín occidental, que en 1960 ya superaba 1.6 millones de personas. La división duró casi 28 años durante los cuales muchas personas perdieron la vida intentando cruzar al sector occidental. El muro se fue consolidando con los años en cuatro fases, en la última de las cuales se reforzó con hormigón armado y con una estructura de tubos cilíndricos.
Como elemento simbólico de esta absurda situación, la Puerta de Brandeburgo se convirtió en un monumento inaccesible en tierra de nadie, en un icono de la ciudad dividida.
Hasta la construcción del muro, cientos de miles de berlineses cruzaban la frontera entre los dos sectores para visitar a amigos y familiares o para trabajar en las industrias del otro lado. A partir de agosto de 1961 se cerraron las estaciones de metro y la red de ferrocarriles que los unían y se establecieron controles militares para impedir el paso de un sector al otro. Unos 12.000 berlineses del oeste y 53.000 del este se quedaron sin trabajo de un día para otro. Se daba la circunstancia de que las aceras de una misma calle habían quedado divididas por el muro, por lo que sus vecinos pertenecían al sector soviético o al occidental según el tramo por donde se había construido. Al principio los berlineses aún podían saludarse desde ambos lados pero pronto la policía fronteriza de la RDA instaló paneles y alambre de espino para evitarlo. Muchos inquilinos de los pisos colindantes al muro huyeron durante los primeros días arrojándose por las ventanas (algunos murieron en el intento) hasta que las autoridades decidieron desalojar las viviendas fronterizas, tapiar las puertas y las ventanas de las casas y hasta demoler los edificios. Incluso algunos militares de la RDA huyeron al otro lado, como el guardia fronterizo Conrad Schumann, cuya fotografía se convirtió en otro icono de la huida al oeste.
A partir del 13 de agosto se cerraron las calles por las que podían circular libremente los berlineses y se establecieron pasos que sólo podían ser utilizados por extranjeros y diplomáticos, así como rigurosos controles. Desde ambos sectores se inició desde muy pronto una actividad propagandística con carteles de gran tamaño, pancartas y altavoces, dirigida a informar a la población del otro lado. Desde Berlín Oeste se publicaban noticias sobre el desarrollo económico y social de los países occidentales y desde la parte oriental se enviaban discursos desafiantes y se justificaba la construcción del muro como un baluarte de protección antifascista y de defensa contra el imperialismo occidental.
CAE EL MURO
Desde la llegada de Mijail Gorbachov al poder en la URSS se intensificaron las manifestaciones de oposición al régimen en todos los países de la órbita soviética y en agosto de 1989 numerosos ciudadanos de la RDA ocuparon las embajadas de la República Federal en Varsovia y Praga. En Hungría se permeabilizó la frontera con Austria, por donde huían decenas de personas, y en Berlín miles de manifestantes se congregaban diariamente en la Alexanderplatz y otros centros neurálgicos para exigir cambios en la RDA.
El 9 de noviembre de 1989, hace ahora treinta años, Günther Schabowski, Secretario de Información del Gobierno de la RDA, leía ante la prensa un papel que le había entregado el mismísimo presidente de la RDA Ergon Krenz, del que aparentemente desconocía el contenido. Allí se anunciaba que se acababa de establecer una nueva ley de tránsito por la cual se podrían solicitar viajes privados al extranjero sin necesidad de los requisitos exigidos hasta entonces y que serían autorizadas las salidas en todos los pasos fronterizos entre la RDA y la RFA. Cuando un periodista italiano le preguntó cuándo entraba en vigor la medida, Schabowski contestó: inmediatamente. En pocas horas, ante el pasmo y la incredulidad de los vigilantes de los puestos fronterizos, multitudes de ciudadanos del Berlín oriental comenzaron a pasar a la otra parte de la ciudad, cientos de berlineses celebraban el reencuentro entre abrazos y lágrimas y muchos se subían a lo alto del muro y comenzaban a golpearlo simbólicamente con martillos.
Poco después de la caída comenzaron a demolerse los 155 kilómetros del muro, conservándose únicamente pequeños fragmentos en seis lugares de Berlín como testimonios de un periodo aciago y para que nunca se olvide lo que el excanciller Willy Brandt calificó de monstruosidad histórica.

PERIODISMO CULTURAL

TEORÍA Y PRÁCTICA DEL PERIODISMO CUTURAL
De todas las modalidades del periodismo tal vez la más olvidada en el mundo editorial sea la que se ocupa del Periodismo Cultural. Apenas algunos títulos ya clásicos como el de Jorge Rivera (“El Periodismo cultural”) y el de Ivan Tubau (“Teoría y práctica del Periodismo Cultural”), ambos publicados ya el pasado siglo, y algún capítulo en los manuales universitarios de Periodismo Especializado. Y poco más (entre ese poco, mis humildes aportaciones “Periodismo cultural”, publicado en 2006 por la Editorial Síntesis, y “Cultura y televisión”, Gedisa 2003). Y eso a pesar de que los medios de comunicación vienen ocupándose cada vez más de la información relacionada con la cultura. Por eso hay que celebrar la aparición de un nuevo título, “Periodismo cultural en el siglo XXI (I). Contenidos docentes innovadores”, publicado por la Editorial Universitaria, posiblemente el más completo estudio sobre cómo se informa sobre la cultura en todos los medios de comunicación, de la prensa a internet. Un proyecto, además, que pretende tener continuidad con la publicación al menos de un segundo volumen. El libro está coordinado por las profesoras Montserrat Jurado Martín y Beatriz Peña Acuña y he tenido el privilegio de contribuir a este trabajo escribiendo la introducción y uno de los capítulos, el dedicado a ‘Los géneros informativos en el nuevo Periodismo Cultural’. En este volumen han colaborado profesores de varias universidades españolas y extranjeras. Aquí están recogidos trabajos de Xosé López y Ana Isabel Rodríguez, de la Universidad de Santiago de Compostela; de Gloria Gómez-Escalonilla, Carlos H. Lozano Ascencio, Janet Acosta y Alexandra María Sandulescu, de la Rey Juan Carlos; de Rosa María Arráez y Elvira Jensen de la Universidad Europea Miguel de Cervantes; de María Monjas, de la Universidad de Valladolid o Begoña Ibars, de la Universidad Miguel Hernández. Entre los centros extranjeros que han colaborado figuran profesores de las Universidades de Viena, de la brasileña de Sao Paulo y de la finlandesa de Tempere. Los asuntos tratados por los profesores colaboradores abarcan una amplia gama temática que estudia cómo se informa en los medios de comunicación sobre cine, literatura, poesía, música, gastronomía, etc., así como su tratamiento en los nuevos medios digitales y la participación de las audiencias en los contenidos informativos. El libro incluye ejercicios temáticos en cada uno de los capítulos.
LA CULTURA DEL PERIODISMO CULTURAL
Para hacernos una idea más aproximada de lo que es el Periodismo cultural es conveniente una aproximación a lo que se entiende por cultura en este campo informativo, porque el de cultura es un término que admite muchas interpretaciones y difiere cuando se aplica a diferentes momentos históricos.
Además del concepto antropológico, que abarca a todas las actividades que realizan los seres humanos, otro concepto de lo que es cultura es deudor de la experiencia. Es al que se refería Ortega y Gassett cuando, después de haber llevado a cabo en un trabajo de campo decenas de entrevistas a campesinos de las zonas más deprimidas del medio rural español, en los años 30 del siglo XX, comentó a uno de sus interlocutores: “¡Que cultos son estos analfabetos!”. Se refería a los amplios conocimientos de aquellas gentes en la flora y la fauna, la siembra y la cosecha, la meteorología, y en general en los aspectos relacionados con el conocimiento de la naturaleza. De este concepto de cultura no se ocupa el Periodismo cultural. El filósofo Jurgen Habermas define la cultura como “el caudal de saberes que adquieren las personas para tener un mejor conocimiento del mundo”. En la actualidad los medios de comunicación serían mediadores culturales, cauces para hacer llegar esos saberes a los ciudadanos. Pero tampoco este concepto de cultura es aplicable estrictamente al Periodismo cultural.
La idea más extendida de cultura es aquella que la define como fruto de la formación académica y de la ilustración, autodidacta o no. Y es esa la cultura de la que se ocupa preferentemente el Periodismo cultural, que trata de canalizar la información que se genera en torno al mundo de esa cultura, darle un tratamiento homogéneo como especialidad diferenciada y difundir esa información para que llegue a los consumidores habituales de otro tipo de noticias. Para ello se establecen unas pautas de producción diferenciadas y se utilizan mecanismos narrativos propios.
El Periodismo cultural se ocupa de todas las manifestaciones de esa clasificación que la divide en cultura de élite, cultura de masas y cultura popular, una clasificación que, aunque útil desde el punto de vista operativo profesional, resulta un tanto artificial. Porque, en mi opinión, una sinfonía como el “Concierto para clarinete y orquesta” de Mozart transmite para sus receptores la misma o parecida emoción que un disco de Billie Holiday o el “Sgt. Peppers” de los Beatles. Por otra parte, es sabido que algunas producciones que hoy se califican de alta cultura, como los dramas de Shakespeare y las comedias de Lope de Vega, fueron creadas para el consumo masivo; que Dostoievski y Víctor Hugo escribieron sus grandes obras en formatos por entregas para que llegasen a todos los públicos, o que la ópera, el paradigma por excelencia de la cultura de élite, nació como espectáculo popular. Y, por otra parte, el paradigma de la cultura de masas, el cine, fue en sus orígenes concebido para la aristocracia y la alta burguesía de la época, a juzgar por los elevados precios de las entradas a las primeras proyecciones de los Hermanos Lumière y a que su vitrina social en París se instalase en un bulevar céntrico de la capital (y en Madrid en el elegante Hotel Rusia, a donde acudió la familia real para ver el nuevo espectáculo).
En la actualidad la información cultural está firmemente asentada como una especialización más de los contenidos de los medios de comunicación y ocupa un espacio cada vez más importante, unas veces por una verdadera preocupación del medio por la cultura, otras porque la información cultural prestigia a sus soportes y es rentable para la consideración social de éstos. En ocasiones también por los intereses comerciales a los que el medio está vinculado: en muchos casos se da una mezcla de todas estas consideraciones.

MOMENTOS ESTELARES DE LA HISTORIA DE EUROPA

 

El periodista Guillermo Altares recorre el continente a través de acontecimientos de su historia y de su cultura

La idea central que preside este libro del periodista Guillermo Altares (“Una lección olvidada”. Tusquets) es la de que a pesar de la diversidad y de las diferencias entre los territorios que integran Europa, existe una tela de araña de fuertes lazos tejida entre sus habitantes y sus culturas, una atracción forjada a lo largo de la historia, que hace que esa unión sea indestructible. Para Altares el proceso de la unidad europea iniciado después de la Segunda Guerra Mundial con la desaparición de las fronteras, la utilización de una moneda única y la búsqueda del bien común, ha sido lo mejor de nuestra historia reciente como europeos. Por eso, desde el prólogo de este libro, nos recuerda aquella frase de Víctor Hugo en la que el escritor francés afirmaba que una guerra entre europeos es siempre una guerra civil.
DE LAS CAVERNAS A LA GUERRA DE YUGOESLAVIA
Teniendo como objetivo esta premisa, “Una lección olvidada” es un viaje por algunos acontecimientos de la historia que muestran esos vínculos, que se han reforzado a pesar de los problemas a los que Europa ha tenido que enfrentarse a lo largo de los siglos. Desde las cuevas prehistóricas a los conflictos de la antigua Yugoeslavia, la historia de Europa ha sido una sucesión de acontecimientos que han forjado la personalidad de un continente que vive en la actualidad el periodo más evolucionado de su historia. El recorrido se inicia en la cueva prehistórica de Chauvet, descubierta en 1994, cuyas fascinantes pinturas rupestres, de una antigüedad de 36.000 años, muestran un arte que se identifica tanto con Altamira como con la contemporaneidad, teniendo en cuenta el dato de que entre Chauvet y Altamira existe mayor distancia temporal que entre Altamira y el siglo XXI.
Uno de los aspectos que se destacan en este libro es el de la superación, en la época actual, de la violencia, que fue una presencia histórica permanente en el continente, “una infinita acumulación de batallas, un palimpsesto de horrores”, en palabras del autor. Una violencia que ya estaba hace 5200 años en el hombre de las nieves, la momia de Ötzi encontrada en 1991 y que demuestra que también la prehistoria fue un periodo convulso. Una violencia que continuó en el mundo antiguo con las guerras de Troya y el Peloponeso y las conquistas del imperio romano, que se prolongó en la Edad Media con las invasiones de los pueblos bárbaros y los vikingos y después con las guerras de religión, las cruzadas y las persecuciones contra heterodoxias religiosas como la de los cátaros, se extendió a través de los episodios de terror desatados durante la Revolución Francesa y las matanzas de la Comuna de París, hasta ensangrentar el siglo XX durante la guerra civil española, las dos guerras mundiales, el Holocausto y las represiones derivadas de los sistemas totalitarios que se instalaron en suelo europeo… hasta alcanzar los últimos conflictos de la guerra de Yugoeslavia hace apenas veinte años. A estos episodios dedica Guillermo Altares los 20 capítulos de este libro excepcional.
Pero frente a esta violencia, en Europa se ha manifestado también una unidad cultural que la salva de una radical condena histórica. El legado de Grecia y Roma, los mundos bizantino y árabe, la arquitectura religiosa que dio lugar a las catedrales, las obras de Caravaggio, la Ilustración, el arte y la literatura de los siglos XIX y XX… encierran en las manifestaciones de la diversidad de los países del continente una innegable urdimbre europeísta. De estas manifestaciones habla también este libro, uno de cuyos méritos son las citas bibliográficas que incitan a la lectura de los textos que las documentan.

TOM WOLFE Y EL NUEVO PERIODISMO

 

EN LA MUERTE DE TOM WOLFE
En los años sesenta del siglo XX algunos escritores norteamericanos comenzaron a publicar en los periódicos una serie de trabajos bajo formatos tradicionales de crónicas, reportajes y entrevistas pero rompiendo con los moldes del periodismo tradicional, al mezclar la información real con las técnicas de la ficción literaria verosímil. Algunos como Truman Capote (“A sangre fría”) y Norman Mailer (“Los ejércitos de la noche”) aplicaron al periodismo la fórmula de novelas con las que habían obtenido grandes éxitos, mientras otros como Gay Talese (“Fama y oscuridad”) convertían en libros los artículos que habían visto la luz en los periódicos bajo aquel formato. A este estilo se lo bautizó como Nuevo Periodismo por la novedad de su estructura y la originalidad de sus planteamientos. Un libro imprescindible de Marc Weingarten, “La banda que escribía torcido” (Libros del KO) es un apasionante estudio de este movimiento periodístico y literario y un recorrido por la vida y las peripecias de sus mejores representantes. El Nuevo Periodismo cuajó también en Europa y América latina, donde autores como Tomás Eloy Martínez (“La novela de Perón”) y Gabriel García Márquez (“Memoria de un náufrago”, “Noticia de un secuestro”) aplicaron el formato a algunas de sus obras.
ADIÓS A TOM WOLFE
El pionero del Nuevo Periodismo fue Tom Wolfe, que acaba de morir a los 87 años en Nueva York, la ciudad en la que vivió gran parte de su vida (se le citan hasta dieciséis domicilios distintos en esta ciudad), escenario de sus novelas y objeto de muchos de sus trabajos. Llegó a esta ciudad en 1962 para trabajar para el “New York Herald Tribune”, en cuyo suplemento dominical publicó muchos de sus artículos, escritos con un estilo ingenioso y perspicaz, entreverado de ironía, en el formato que con los años se convirtió en el Nuevo Periodismo. También escribió crónicas para el “The Washington Post” (entre ellas una sobre la revolución de Fidel Castro y otra sobre la toma de posesión del dictador haitiano Papa Doc Duvalier) y para las revistas “Esquire” y “Rolling Stone”, donde publicó algunos de sus trabajos más intelectuales. En todos abordaba los temas de la actualidad americana del momento, desde la generación beat, la contracultura y el movimiento hippie hasta los fenómenos que relacionaban el Black Power con los Panteras Negras, el mundo de las drogas, la carrera espacial y los movimientos políticos de la izquierda radical americana de los años sesenta y setenta. Esta obra periodística está publicada en varias recopilaciones de títulos llamativos: “Ponche de ácido lisérgico” (sobre el escritor Ken Kesey, autor de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que había sido encarcelado en México por tenencia de drogas), “El coqueteo aerodinámico rocanrol color caramelo de ron”, “La Banda de la Casa de la Bomba y otras crónicas de la era Pop”, “La izquierda exquisita & Mau-Mauando al parachoques” y, el más conocido, “Nuevo Periodismo”, una recopilación que constituye todo un manual para entender de qué iba el género.
Como escritor de ficción el éxito le llegó en los años 80 con una de las grandes novelas americanas de esa década, el best-seller “La hoguera de las vanidades” (fue adaptada al cine por Brian de Palma, con Tom Hanks y Melanie Griffith de protagonistas), una sátira sobre la especulación y el mundo de las altas finanzas, un ambicioso relato en el que analiza los vicios de la sociedad americana del fin de siglo con una crítica inteligente a los yuppies (young urban profesional) de Wall Street y a la hostilidad racial latente en los wasp (blancos, anglosajones y protestantes) de la alta sociedad, para lo cual sitúa parte de la acción del relato en el Bronx neoyorkino. Lo hace aplicando los métodos con los que el francés Émile Zola (uno de sus escritores favoritos) examinaba en sus novelas a la sociedad europea del siglo XIX. “La hoguera de las vanidades” se publicó en 1987, el año del lunes negro en la bolsa de Nueva York. Tras este éxito Tom Wolfe sufrió una fuerte depresión y una crisis cardiaca que hicieron temer por su vida. Apenas publicó un par de obras más, entre ellas “Todo un hombre”, de 1998, en mi opinión muy superior a “La hoguera de las vanidades” a pesar de las críticas negativas que hicieron John Updike en el “New Yorker” y su colega Norman Mailer en “New York Review of Books”. Se trata de una novela escrita después de una profunda investigación y una exhaustiva documentación sobre el nuevo capitalismo norteamericano y sus relaciones con el poder político, el sexo, los medios de comunicación y el mundo de la fama y la popularidad de las estrellas del deporte y el glamour. Una radical crónica del malestar en la cultura contemporánea americana.
Con Tom Wolfe desaparece también una de las personalidades más carismáticas del periodismo y la literatura norteamericana, un conservador republicano que identificó su imagen con la de un dandy elegante (la novelista Elaine Dundy lo describió como “Tom Sawyer dibujado por Beardsley”), casi siempre vestido de un blanco impoluto, calzado con zapatos de piqué charolados en blanco y negro diseñados por New Lingwood, corbatas moteadas y tocado con un sombrero negro bajo cuyas alas sobresalían sus grandes ojos azules brillando siempre sobre eterna la palidez de su rostro.

LOS NOVENTA AÑOS DE SÁNCHEZ FERLOSIO

 

 

La llamada generación del medio siglo tuvo en sus filas a escritores que dieron obras importantes a la literatura española contemporánea. Poetas y prosistas nacidos desde la década de los años veinte hasta la guerra civil, su nombre se debe a que todos ellos comenzaron a publicar en torno a 1950, durante la dictadura del general Franco.

De origen burgués y formación universitaria, estos escritores crearon una obra que se asocia con la protesta social y la lucha antifranquista. Ignacio Aldecoa, Luis Martín-Santos, Juan García Hortelano, Caballero Bonald, Alfonso Grosso, Ángel González, Juan Marsé… forman parte de esa generación entre cuyos supervivientes destaca la figura de Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927), un intelectual (él prefiere calificarse como plumífero) que navegó en los ámbitos de la novela, el ensayo y el periodismo a una altura poco común en un país y en unos años en los que el paisaje literario era un páramo sobre el que destacaban unos pocos creadores a modo de oasis excepcionales. un páramo sobre el que destacaban unos pocos creadores a modo de oasis excepcionales. Sánchez Ferlosio cumple 90 años el 4 de diciembre.

ESCRITOR, INTELECTUAL, POLEMISTA

Hijo de Rafael Sánchez Mazas, fundador de Falange que destacara en la guerra civil al lado de las tropas nacionales de Franco y después como ministro de su primer gobierno (también escritor: “La vida nueva de Pedrito de Andía”), Sánchez Ferlosio saltó al ruedo literario con la fundación de la neorrealista “Revista española”, en la que colaboraban Aldecoa, Alfonso Sastre y Jesús Fernández-Santos. Su primera novela fue “Industrias y andanzas de Alfanhuí” (1951), un experimento poético y fantástico con el que se distanció del realismo social de aquellos años y que aún hoy se lee con placer. El éxito literario le llegó de la mano de “El Jarama”, premio Nadal de 1956, una novela que rompió los esquemas de la narrativa española del siglo XX y situó a su autor entre los innovadores de la literatura española. Junto a la renovación del lenguaje la novela es una mirada crítica a la sociedad española del franquismo. Sorprendentemente, frente a la acogida de la crítica y de los lectores, Sánchez Ferlosio llegó a aborrecer esta obra y a negar los valores literarios y sociales que se le atribuyen (“El Jarama es una invención de Castellet, que lo puso por las nubes”, dijo recientemente en una entrevista). De hecho no volvió a publicar novelas hasta 30 años después, cuando se editó “El testimonio de Yarfoz” (1986), una parábola moral sobre los valores humanos, que forma parte de “Historia de las guerras barciales”, un ambicioso proyecto inédito del que por ahora, además del Yarfoz, sólo se conoce el título. Ese mismo año publicó también dos cuentos en colecciones juveniles: “El huésped de las nieves” y “El escudo de Jotán”. Durante todo ese tiempo, tomando como base científica la “Teoría del lenguaje” de Karl Bühler, Ferlosio se recluyó en los estudios lingüísticos y semánticos, un campo que ya había experimentado en ensayos y artículos, llenos de hipotaxis y quiasmos, y en los giros y modismos del habla popular de sus novelas, que parecen volcados de una grabación magnetofónica. Entre los ensayos y recopilaciones de aquella larga etapa figuran los dos volúmenes de “Las semanas del jardín” (1974) (una meditación sobre los límites de la representación de la realidad en la literatura, según José Carlos Mainer), “Mientras los dioses no cambien nada ha cambiado”, “Campo de Marte I. El ejército nacional” y “La homilía del ratón”, todos de 1986. Después, en una inusitada actividad para su edad, publica “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos” (1993), “Esas Yndias equivocadas y malditas” (1994), “La hija de la guerra y la madre de la patria” (2002), “Non olet” (2003), “Sobre la guerra” (2007), “Gold & Gun. Apuntes de polemología” (2008)… ensayos todos ellos al margen de la corrección política y la temática de actualidad en los que Sánchez Ferlosio muestra un conocimiento ilimitado sobre los temas más versátiles y hasta antitéticos: de la Filosofía de la Historia de Polibio de Magalópolis al feminismo “astrológico” de Kylie Minogue. Según Fernando Savater, la forma de pensar de Sánchez Ferlosio es un “pensar a la contra”, una permanente vocación negativa, más que negadora.

En la última etapa Sánchez Ferlosio viene cultivando una imagen pública de perfil excéntrico y aspecto desaliñado, volcado totalmente en la creación de una obra de un alto contenido intelectual, que incita a la reflexión y a planteamientos originales en torno a múltiples temas: la vida, la historia, la guerra, la religión, el destino, las pasiones, la justicia, la belleza, el arte, el lenguaje…

Después de recibir el Premio Cervantes en 2004 Sánchez Ferlosio publicó ese mismo año sus aforismos (a los que llama pecios) en “Campo de retamas” e inició la reedición de toda su obra ensayística (con algunos inéditos) que ha publicado en cuatro volúmenes, el primero de los cuales, “Altos estudios eclesiásticos” (un título muy expresivo que tiene su origen en el retiro de aquellos clérigos que, afectados por algún escándalo, son apartados del mundo con la excusa de que es para dedicarse a “altos estudios eclesiásticos”), de subtítulo “Gramática. Narración. Diversiones” (2015) se abre con un poema de Marta Sánchez Martín (la hija de su primer matrimonio con Carmen Martín Gaite, fallecida en 1985 a los 28 años). En el segundo, “Gastos, disgustos y tiempo perdido” (2016) se incluyen sus artículos periodísticos, que también recoge en el tercero, “Babel contra Babel” (2017). En el último, “QWERTYUIOP” (título extraído del orden de la primera línea del teclado mecanográfico) reúne escritos sobre temas tan versátiles como la enseñanza, el trabajo, la televisión o la publicidad. Aunque los cuatro volúmenes puedan parecer el testamento de una obra magnífica, sus lectores aún esperamos que a los 90 años continúe regalándonos nuevos escritos, siempre enriquecedores. Felicidades, maestro.

 

 

Juan Cruz: El periodismo y la vida

Juan Cruz
En la línea memorialista de algunos de sus libros anteriores, en “Un golpe de vida” Juan Cruz utiliza la memoria para elaborar una reflexión sobre el ejercicio del periodismo al hilo de sus circunstancias personales.
– Cuando García Márquez escribía las crónicas de “Relato de un náufrago” para “El Espectador” de Bogotá, el director del periódico, Gabriel Cano, le preguntó: “¿Eso que está usted escribiendo es novela o es verdad?”. García Márquez respondió: “Es novela porque es verdad”. En este mismo sentido, Nabokov señala que sólo a ficción dice la verdad. En tus libros de memorias también hay episodios que parecen de ficción. A lo mejor son los más reales. ¿También en este?

– En ningún caso es ficción. En este libro hasta lo que hay de ficción, que es la historia de un poeta, en realidad es una mezcla de dos personajes reales, que son Domingo Pérez Minik y Arturo Maccanti. Se trata de un símbolo de cómo se puede insultar a la memoria de alguien, incluso en su realidad. Macanti era un poeta bastante desvalido, que sufrió la burla de un escritor canario notorio que decidió que porque Macanti no le había votado para un premio literario institucional podía semanalmente, igual que a otros miembros del jurado, zaherirlo de manera innoble y despiadada. No he dicho nunca por escrito el nombre de este escritor ni lo voy a decir. La gente es libre de imaginar cualquier cosa. Lo cierto es que ese insulto semanal yo no lo puedo olvidar porque fui también víctima de esos insultos. Y quise personificarlo también en alguien que sufrió persecución, de otro tipo, durante la República y después de la República, en la posguerra, que era Pérez Minik. A esa mezcla de Maccanti y Pérez Minik, en el libro lo llamo poeta. Y es lo único que yo me invento en el libro. Todo lo demás ocurrió. En algunos casos lamentablemente. Y, efectivamente, algunas cosas parecen mentira porque son verdad.

En una obra memorialista anterior, “Muchas veces me pediste que te contara esos años”, cuentas que un día leíste en una inscripción en la isla de Lobos, frente a Fuerteventura, un verso de Josefina Pla que define nítidamente en qué consiste la literatura: convertir en sueños las sombras. ¿También aquí intentas convertir en sueños las sombras?
– Aquí lo que pasa es que los sueños son pesadillas. Hay un montón de cosas que están ocurriendo que a mí me parece que no ocurren. Y eso me lleva al miedo y me lleva a algunas situaciones extremas de ánimo. Cuando no sabes cómo reaccionar ante un suceso personal te parece que estás en un túnel de sombras. Luego, por fortuna, las personas, también las que te rodean, son capaces de levantarte el ánimo y despertarte. En este sentido, las dos protagonistas casi secretas o diluidas del libro son mi hija y mi hermana. Mi hija arrostró durante este tiempo que dura el libro dos desprendimientos de retina y en todo ese tiempo sólo un día la vi triste. Me recuerda aquella frase de Hemingway que decía “conoció a angustia y el dolor pero no estuvo triste una mañana”. Y mi hermana, hasta el final, creyó que vivía una pesadilla y siempre buscaba razones para recuperarse. En esa situación, yo tenía también que sobreactuar y hacerle la vida alegre. Yo soy una persona aparentemente alegre pero cuando escribo soy una persona más bien ensimismada y melancólica. La melancolía es la nostalgia sedimentada.
Este libro es fundamentalmente una profunda reflexión sobre el periodismo y sobre el ejercicio de esta profesión.
– Todas estas historias personales vinieron a mi mente cuando yo estaba tratando de contar mi relación humana con el periodismo. Y de alguna manera me di cuenta que yo no sé vivir sin referirme al periodismo. Todas las cosas que he hecho en la vida nacen del periodismo, de mi manera de ver el periodismo. En los últimos tiempos sobre todo he desarrollado un disgusto por el insulto, que se ha instalado en nuestro oficio vía redes sociales. También me irrita lo no contrastado, lo que se dice sin haberlo comprobado. En el periodismo y también en la vida cotidiana. Y me irrita el desprecio a la esencia de las personas. Me irrita el grito, me irritan las conversaciones basadas en lugares comunes, por ejemplo “todos los periodistas son iguales”, “todos los médicos son iguales”… todo lo que olvida el matiz o la duda, me irrita. Este libro trata el periodismo desde el ser humano que es todo periodista. A mí me gustaría ser muy humano como periodista.
El libro repasa toda tu trayectoria como periodista desde tus inicios en los periódicos canarios como “El Día” y tu entrada en “El País” desde el mismo año de su fundación hasta ahora mismo. Tu trayectoria en “El País” es uno de los hilos conductores de “Un golpe de vida”.
– Yo me siento muy orgulloso de pertenecer al periódico. Comprendo que en los últimos tiempos ha sido costumbre zaherirlo y elegir ciertos elementos del periódico para derruirlo. Pero esto no es nuevo. Ya pasó en el 82 y en el 83 cuando Cebrián se sentó en el banquillo acusado por Barrionuevo, ministro del Partido Socialista, secundado por todo el Gabinete de Felipe González, mientras paralelamente Luis María Anson, publicaba en “ABC” que el País era el diario gubernamental. Cuando el referéndum de la OTAN, “El País” publicó editoriales muy sonoros contra Felipe González, aunque al parecer seguíamos siendo el periódico gubernamental y socialista. Roures [se refiere al empresario Jaume Roures] fue premiado con una cadena de televisión y con un periódico por el Partido Socialista en el poder. Para hacer la propaganda de su periódico, puso un cartel en la Gran Vía de Madrid que decía “La cultura es gratis”. El objetivo era decir que “Público” era un periódico de izquierdas y que él iba a poner gratis el fútbol. Antes el PP quiso meter en la cárcel a Polanco y quitarle las concesiones. La memoria, con respecto al “El País” es selectiva. Se le critica si publica un editorial que no le gusta a un grupo de personas, como si hubiera que leer el periódico con un solo ojo. La actual es una campaña para derribar a “El País” que creo que ha sido irrespetuosa con sus profesionales. La alternativa es notoria, está en las redes, en los periódicos digitales. Ya no hay guerra mediática. Ya el “ABC” no compite con “El País”, ya “ABC” y “El Mundo” no se enfrentan con “El País”. Ahora son todos los periódicos de las redes sociales que están esperando a que “El País” haga algo para denunciarlo. A mí no me pagan para decir esto. A mí no me dice el director del periódico que opine esto o lo otro. De hecho yo no opino, hago análisis del mundo periodístico y del mundo cultural, pero no escribo opinión, porque yo no creo que la opinión sea periodismo. Respeto que haya gente que haga opinión, pero que conste que no es periodismo. La esencia del periodismo no es la opinión.
¿Y en esta situación cómo ves el futuro del periodismo?. En este libro llamas a la de periodismo una profesión invencible.
– El oficio del periodismo es invencible porque es imprescindible. Ahora bien, el periodismo tal como está hoy, con las amenazas aceptadas que se mantienen en torno a él, sí que está en peligro si nosotros no somos capaces de confrontar ese periodismo de las redes con el uso de los elementos del periodismo para impedir que naufrague. Si el periodismo acepta el rumor, si acepta el lugar común y el tópico, el periodismo se puede ir deteriorando. Cuando el lector crea que el mejor periodista es el que grita más opinando, es que ya no tendremos nada que hacer. Y está pasando. Que subsista en el periodismo gente como Inda [se refiere al tertuliano Eduardo Inda] significa hasta qué punto ha llegado la consideración del periodismo que tienen las grandes cadenas.
En “Un golpe de vida” se detecta también un cierto aroma de despedida, de tu despedida de la profesión. Y una aproximación a sentimientos que han estado un poco abandonados, como las relaciones con la familia y con los amigos.
– Pero yo creo que mi porvenir es aún el periodismo. A mí lo que me gustaría hacer ahora, después de tantos años, es reportajes y entrevistas. Es lo que llevo haciendo toda la vida pero me lo planteo como si fuera mi porvenir porque en el periodismo he encontrado la felicidad. En cuanto a las relaciones personales ahora veo que la felicidad está también en mi nieto, en mi hija, por quien dejaría todo. Por ayudarles en lo que fuera. Hay un poeta canario, José Luis Pernas, que dice “descubrí que había que había que buscar la esperanza para seguir viviendo”. Yo todos los días, desde niño, he buscado algo, aunque sea mínimo, que me alegrase el día. Y ahora, lo que me alegra la vida es saber que mi hija está bien, que he recuperado con ella la sensación de paternidad y de orgullo. Porque yo estaba muy distraído.
MEMORIA DE JUAN CRUZ
Juan Cruz es escritor y es periodista, aunque en él nunca se sabe dónde termina una profesión y empieza la otra, tal vez porque las dos sean una misma cosa. Su periodismo es muy literario y sus libros tienen mucho de periodismo. Ha convertido su memoria en un género, aunque en sus libros muchas veces tampoco se sabe muy bien dónde termina la realidad y dónde la ficción. “La foto de los suecos”, “El territorio de la memoria”, “Retrato de un hombre desnudo”… son algunas piezas del mejor memorialismo que se hace actualmente en nuestro país. El periodismo, la memoria, la vida en fin, están también en su último libro, titulado precisamente “Un golpe de vida”.
VIDA DE PERIODISTA
Desde un castillo medieval situado en la Umbria italiana, un retiro creativo que comparte con otros doce artistas, Juan Cruz comienza a escribir el relato de una vida que esta vez tiene como eje conductor el ejercicio del periodismo. La estancia se interrumpe por cuestiones familiares y obliga a que la narración continúe en otros lugares, Madrid sobre todo, donde vive y donde trabaja, y luego allí donde la profesión le ha llevado persiguiendo la noticia. El recorrido concluye en El Médano, en la isla canaria de Tenerife. A lo largo de este itinerario Juan Cruz va construyendo su memoria de recuerdos y olvidos y preparando el último tramo de una carrera profesional para la que intuye un final al que no se atreve a poner fecha pero que habrá de producirse en cualquier momento, aunque en esta profesión el final nunca suele llegar de manera abrupta y casi nunca es definitivo.
El libro está escrito en flash-backs donde las escenas de la madurez se alternan con las de la infancia y la juventud en un relato que discurre en paralelo a algunos de los acontecimientos que vivió como periodista. El hilo conductor es su trabajo en el diario “El País”, desde su entrada el mismo año en que nació el periódico hasta ahora mismo, cuando está y no está, cuando se ha jubilado sin jubilarse, cuando aporta al periódico tanto como siempre ha aportado sin que parezca que cumple con horarios y obligaciones burocráticas. Y al mismo tiempo que rememora acontecimientos que en su día fueron grandes noticias y rescata recuerdos de su trabajo en ese periódico, este libro es también una profunda reflexión sobre el oficio de periodista y su deriva, un oficio amenazado por las nuevas tecnologías y las redes sociales pero sobre todo por la manipulación y la mentira y también por la opinión que se impone a la información. A lo largo de estas páginas Juan Cruz manifiesta sus dudas sobre una profesión que atraviesa una de sus crisis más serias pero sobre cuyo futuro no pierde la esperanza porque es, dice, “un oficio invencible”.
“Un golpe de vida” es también una mirada melancólica al pasado, una reflexión sobre la vida y también sobre la muerte, que se ha llevado ya a padres y a familiares, siempre en su pensamiento, y a tantos amigos y compañeros evocados aquí con nostalgia y con ternura porque “uno es sentimiento más recuerdo más pérdida”: García Márquez, Cabrera Infante, Umberto Eco, Saramago, Semprún, Rafael Chirbes, Vázquez Montalbán, Feliciano Fidalgo, Manu Leguineche…
En estos años en los que se plantea su futuro personal, Juan Cruz reflexiona aún desde el torbellino de una profesión sin horarios y sin previsiones, de las que más tiempo roban a la reflexión, a la familia y a los amigos. Es a la altura de sus 67 años cuando de pronto aparece un fantasma, el de la amenaza bajo formas diversas: una enfermedad, una lejanía, alguien que necesita de su presencia, de su protección. Y es entonces cuando el hombre que no deja nunca de ser periodista se plantea la necesidad de buscar la felicidad o algo que se le parece, más allá del periodismo con el que fue tan feliz. Y descubre que la felicidad puede encontrarse también regalando generosamente tiempo a la gente con la que se comparte la vida, una actividad que resume en una frase del último capítulo: “la felicidad es un verano que tiene nombres propios”.

LOS TRES ENTIERROS DE FÍGARO

EN EL 180 ANIVERSARIO DEL SUICIDIO DE MARIANO JOSÉ DE LARRA

Había caído la noche en Madrid aquel frío 13 de febrero de 1837. Dolores Armijo subía lentamente las escaleras del número 3 de la calle de Santa Clara en la que se había instalado su amante Mariano José de Larra. Iba a comunicarle la decisión de rehacer su vida con su marido José María Cambronero, un teniente de caballería que pidiera destino en Filipinas tras conocer las relaciones de su esposa con el escritor. Larra también se había separado de su mujer y de sus tres hijos para iniciar una nueva vida con Dolores, pero finalmente ella había decidido reconciliarse con su esposo. Aquella tarde se citó con Larra para que le devolviera las cartas que se habían cruzado. A fin de evitar escenas desagradables se hizo acompañar de una hermana de su marido. Poco después de salir las mujeres, cuando ya habían doblado la esquina de la calle rumbo a la Plaza de Santiago, donde les esperaba un coche, una detonación rompió el silencio de la noche. Mirandita, un banderillero sevillano que pasaba frente al portal, corrió escaleras arriba, entró en la vivienda y halló el cadáver de Larra en un charco de sangre, con un minúsculo orificio en la sien derecha. En su mano aún sostenía la pistola con la que se quitó la vida. Tenía 27 años. Fue el suicidio más comentado de todo el siglo XIX español.

¿Fue la ruptura amorosa la causa del suicidio? El movimiento romántico, en pleno auge aquellos años en España, difundió sobre todo esta hipótesis, pero más allá de esta circunstancia ocasional, fue una conjunción de episodios la que provocó el dramático desenlace.

ENTIERRO POLÍTICO

Primer entierro. La intercesión del ministro de Gracia y Justicia José Landero, que vivía en el mismo edificio de Larra, permitió que se celebrase un funeral en la iglesia de Santiago y su entierro en sagrado, vetado entonces a los suicidas. Camino del Cementerio General del Norte, de Fuencarral, doce pobres de San Bernardino con hachas encendidas precedían a un enlutado coche fúnebre tirado por cuatro caballos. Sobre el féretro, ejemplares de sus artículos y una corona de laurel. Cuatro berlinas y un bombé cerraban la comitiva. Al pie de la fosa un joven desconocido llamado José Zorrilla leyó unos versos.

La política persiguió a Larra durante toda su vida, desde que naciera el 24 de marzo de 1809 en plena Guerra de la Independencia. Hijo de un médico bonapartista cuyo hermano murió luchando contra el francés (lo que provocó una ruptura familiar), Larra se educó en internados de Burdeos y París durante el exilio de sus padres, antes de regresar a España a los nueve años. En Madrid ingresó en el colegio de San Antonio Abad y, según algunos testimonios (Larra y España. José Luis Varela. Espasa, 1983), en el centro liberal de San Mateo, aquel en el que Alberto Lista afirmaba que las matemáticas eran la base de toda educación literaria. En su adolescencia Larra se alistó como voluntario realista, un cuerpo juvenil creado por Fernando VII para defender el absolutismo. Tardó poco en desengañarse. Entró en el periodismo para denunciar los vicios de una sociedad cuyas miserias eran en buena parte fruto de la corrupción política y el mal gobierno. Sus artículos políticos están impregnados de progresismo romántico y revolucionario. Participó en la política activa como miembro del Partido Liberal para luchar contra los conservadores y absolutistas y llegó a alistarse, con Espronceda y Ventura de la Vega, en la milicia urbana que combatía el carlismo. Su alineamiento con la facción de Istúriz frente al ala progresista de Mendizábal (alentado por sus amigos Alcalá Galiano y el Duque de Rivas, que habían entrado en el Gobierno Istúriz) supuso un desgaste para su figura frente a la opinión pública, pero gracias a ello consiguió un acta de diputado por Ávila en 1836. Sólo le duró seis días porque los sucesos de La Granja, cuando una rebelión de sargentos instigada por Mendizábal consiguió restablecer la constitución de Cádiz, forzó la disolución de las Cortes. Esta situación le produjo una profunda desmoralización que aún no había superado en el momento de su muerte.

ENTIERRO LITERARIO

Segundo entierro. Ante el inminente cierre del cementerio de Fuencarral, el 18 de marzo de 1843 los restos de Larra fueron trasladados al cementerio de la sacramental de San Nicolás, al sur de la Puerta de Atocha, hoy desaparecido. Aquí reposaron junto a los de Espronceda, Rosales y los de otros personajes de la época.

Larra había triunfado en el mundo del periodismo como articulista original y crítico, denunciando los males de una sociedad en descomposición en un país corrupto y sin rumbo político. Sus piezas eran leídas y comentadas y se elogiaba unánimemente su visión crítica y su estilo innovador. Desde sus primeras revistas El Duende Satírico del Día y El Pobrecito Hablador, hasta sus colaboraciones y artículos en La Revista Española, El Correo de las Damas, El Observador… el éxito y la popularidad lo acompañaron.

Sin embargo no había llegado a cuajar una obra literaria de altura. Ni su novela El Doncel de Don Enrique el Doliente llegó a alcanzar el éxito literario que perseguía, ni su obra de teatro Macías el enamorado consiguió perpetuarse en los escenarios sino apenas unos días después del estreno. El conde Fernán González y la exención de Castilla ni siquiera llegó a estrenarse, en parte por la censura. Sintió como una puñalada el desinterés del público por Macías y Elvira, los protagonistas de su drama, trasunto de su amor apasionado por Dolores (en El Doncel… se trata también el mismo asunto con los mismos protagonistas). El fracaso como narrador y dramaturgo (sin hablar ya de su obra poética, ciertamente extensa y absolutamente olvidada: véase una recopilación en Larra. Biografía de un hombre desesperado, de su descendiente Jesús Miranda de Larra. Ed Aguilar, 2009) colaboró también a conducirlo hacia un sentimiento de desesperación.

Su carácter intransigente y sus exigencias forzaron su salida de El Español, el mejor periódico madrileño de la época, el más progresista y el de mayor tirada (4794 suscriptores), en el que había forjado su personalidad y ganado una buena parte de su  prestigio, para pasar a formar parte de la redacción del conservador El Mundo (473 suscriptores), a cambio de una remuneración muy elevada (20.000 reales por dos artículos a la semana), convencido de que su firma, con su nombre y sus seudónimos como el de Fígaro, arrebataría a su anterior periódico miles de lectores. Se equivocó. Su nuevo empleo creó en él inseguridad al temer que el desinterés por sus artículos iba a suponerle una importante merma en sus ingresos, al tiempo que la separación matrimonial le obligaba a atender simultáneamente sus responsabilidades familiares y las necesidades propias. El continuo cambio de domicilio (de la calle Visitación a la de Caballero de Gracia y de aquí a la de Santa Clara), buscando un alojamiento céntrico que agradase a la persona con quien pensaba compartir su vida, muestra en cierto modo una inseguridad que colaboró también a su abatimiento.

ENTIERRO SICOLÓGICO

Tercer entierro. El 25 de mayo de 1902 los restos de Larra, siempre con los de Espronceda y Rosales, se trasladaron al Panteón de Hombres Ilustres de la sacramental de San Justo, en la ribera del Manzanares, donde aún permanecen junto a los de otros personajes como Ramón Gómez de la Serna.

Desde que Larra regresara de Francia, su deficiente dominio del idioma en los primeros años (el francés fue mi primera lengua, escribiría en una carta a Manuel Delgado en 1835) le supuso un complejo de inferioridad frente a los escritores que leía y admiraba, a los que trató desde muy joven y algunos de los cuales llegaron a ser sus amigos (Espronceda, Ramón de Mesonero Romanos, Bretón de los Herreros). La palidez de su cara, su figura extremadamente delgada, su débil complexión  y su baja estatura (Bretón le llamaba el imperceptible y Pérez Galdós decía de su aspecto que era casi lechuguino) le hacían sentirse en inferioridad en sus relaciones con los apuestos personajes con los que se codeaba y con las mujeres a las que pretendía, sentimiento agravado por el llamado suceso misterioso ocurrido durante su adolescencia en Valladolid y que dejó en él una profunda huella sicológica: sus amores con una mujer que resultó ser amante de su padre.

También sus amigos le fallaron en los últimos años. Bretón estrenó una obra, Me voy de Madrid, justamente cuando Larra estaba de viaje en Londres y París, en la que lo identificaba con el canallesco protagonista de la trama. Cuando esperaba de sus amigos una reacción crítica ante el estreno, ésta no se produjo. Sólo lo defendió Campo Alange, que moría poco después añadiendo un nuevo motivo a su melancolía. De nuevo caminaba solo hacia ninguna parte.

A los 27 años, con su matrimonio roto, apartado de sus hijos y de sus padres, con el país hundido en una guerra carlista, decepcionado por la política de Mendizábal, temiendo que con el cambio de un periódico progresista a otro conservador sus amigos y sus lectores lo vieran como un traidor a sus principios, sólo le quedaba una única tabla de salvación a la que asir su vida: su amor por Dolores Armijo. También le falló.