PERIODISMO CULTURAL

TEORÍA Y PRÁCTICA DEL PERIODISMO CUTURAL
De todas las modalidades del periodismo tal vez la más olvidada en el mundo editorial sea la que se ocupa del Periodismo Cultural. Apenas algunos títulos ya clásicos como el de Jorge Rivera (“El Periodismo cultural”) y el de Ivan Tubau (“Teoría y práctica del Periodismo Cultural”), ambos publicados ya el pasado siglo, y algún capítulo en los manuales universitarios de Periodismo Especializado. Y poco más (entre ese poco, mis humildes aportaciones “Periodismo cultural”, publicado en 2006 por la Editorial Síntesis, y “Cultura y televisión”, Gedisa 2003). Y eso a pesar de que los medios de comunicación vienen ocupándose cada vez más de la información relacionada con la cultura. Por eso hay que celebrar la aparición de un nuevo título, “Periodismo cultural en el siglo XXI (I). Contenidos docentes innovadores”, publicado por la Editorial Universitaria, posiblemente el más completo estudio sobre cómo se informa sobre la cultura en todos los medios de comunicación, de la prensa a internet. Un proyecto, además, que pretende tener continuidad con la publicación al menos de un segundo volumen. El libro está coordinado por las profesoras Montserrat Jurado Martín y Beatriz Peña Acuña y he tenido el privilegio de contribuir a este trabajo escribiendo la introducción y uno de los capítulos, el dedicado a ‘Los géneros informativos en el nuevo Periodismo Cultural’. En este volumen han colaborado profesores de varias universidades españolas y extranjeras. Aquí están recogidos trabajos de Xosé López y Ana Isabel Rodríguez, de la Universidad de Santiago de Compostela; de Gloria Gómez-Escalonilla, Carlos H. Lozano Ascencio, Janet Acosta y Alexandra María Sandulescu, de la Rey Juan Carlos; de Rosa María Arráez y Elvira Jensen de la Universidad Europea Miguel de Cervantes; de María Monjas, de la Universidad de Valladolid o Begoña Ibars, de la Universidad Miguel Hernández. Entre los centros extranjeros que han colaborado figuran profesores de las Universidades de Viena, de la brasileña de Sao Paulo y de la finlandesa de Tempere. Los asuntos tratados por los profesores colaboradores abarcan una amplia gama temática que estudia cómo se informa en los medios de comunicación sobre cine, literatura, poesía, música, gastronomía, etc., así como su tratamiento en los nuevos medios digitales y la participación de las audiencias en los contenidos informativos. El libro incluye ejercicios temáticos en cada uno de los capítulos.
LA CULTURA DEL PERIODISMO CULTURAL
Para hacernos una idea más aproximada de lo que es el Periodismo cultural es conveniente una aproximación a lo que se entiende por cultura en este campo informativo, porque el de cultura es un término que admite muchas interpretaciones y difiere cuando se aplica a diferentes momentos históricos.
Además del concepto antropológico, que abarca a todas las actividades que realizan los seres humanos, otro concepto de lo que es cultura es deudor de la experiencia. Es al que se refería Ortega y Gassett cuando, después de haber llevado a cabo en un trabajo de campo decenas de entrevistas a campesinos de las zonas más deprimidas del medio rural español, en los años 30 del siglo XX, comentó a uno de sus interlocutores: “¡Que cultos son estos analfabetos!”. Se refería a los amplios conocimientos de aquellas gentes en la flora y la fauna, la siembra y la cosecha, la meteorología, y en general en los aspectos relacionados con el conocimiento de la naturaleza. De este concepto de cultura no se ocupa el Periodismo cultural. El filósofo Jurgen Habermas define la cultura como “el caudal de saberes que adquieren las personas para tener un mejor conocimiento del mundo”. En la actualidad los medios de comunicación serían mediadores culturales, cauces para hacer llegar esos saberes a los ciudadanos. Pero tampoco este concepto de cultura es aplicable estrictamente al Periodismo cultural.
La idea más extendida de cultura es aquella que la define como fruto de la formación académica y de la ilustración, autodidacta o no. Y es esa la cultura de la que se ocupa preferentemente el Periodismo cultural, que trata de canalizar la información que se genera en torno al mundo de esa cultura, darle un tratamiento homogéneo como especialidad diferenciada y difundir esa información para que llegue a los consumidores habituales de otro tipo de noticias. Para ello se establecen unas pautas de producción diferenciadas y se utilizan mecanismos narrativos propios.
El Periodismo cultural se ocupa de todas las manifestaciones de esa clasificación que la divide en cultura de élite, cultura de masas y cultura popular, una clasificación que, aunque útil desde el punto de vista operativo profesional, resulta un tanto artificial. Porque, en mi opinión, una sinfonía como el “Concierto para clarinete y orquesta” de Mozart transmite para sus receptores la misma o parecida emoción que un disco de Billie Holiday o el “Sgt. Peppers” de los Beatles. Por otra parte, es sabido que algunas producciones que hoy se califican de alta cultura, como los dramas de Shakespeare y las comedias de Lope de Vega, fueron creadas para el consumo masivo; que Dostoievski y Víctor Hugo escribieron sus grandes obras en formatos por entregas para que llegasen a todos los públicos, o que la ópera, el paradigma por excelencia de la cultura de élite, nació como espectáculo popular. Y, por otra parte, el paradigma de la cultura de masas, el cine, fue en sus orígenes concebido para la aristocracia y la alta burguesía de la época, a juzgar por los elevados precios de las entradas a las primeras proyecciones de los Hermanos Lumière y a que su vitrina social en París se instalase en un bulevar céntrico de la capital (y en Madrid en el elegante Hotel Rusia, a donde acudió la familia real para ver el nuevo espectáculo).
En la actualidad la información cultural está firmemente asentada como una especialización más de los contenidos de los medios de comunicación y ocupa un espacio cada vez más importante, unas veces por una verdadera preocupación del medio por la cultura, otras porque la información cultural prestigia a sus soportes y es rentable para la consideración social de éstos. En ocasiones también por los intereses comerciales a los que el medio está vinculado: en muchos casos se da una mezcla de todas estas consideraciones.

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