SIN BEATLES NO HAY NAVIDAD III

Como ocurre cada año por estas fechas, entre los regalos de Navidad más frecuentes se pueden encontrar aún los relacionados con los Beatles, lo que demuestra la vigencia de este grupo musical a casi cincuenta años de su disolución. En esta misma sección hemos dado cuenta de este fenómeno en artículos publicados en 2011 y 2013 (podéis encontrarlos también en mi libro “Oficio de lecturas. Escritos de Periodismo cultural”. Terra Incógnita, 2017), de ahí que hayamos titulado éste con el ordinal III. Estas navidades vuelven a estar presentes objetos de regalo para padres y abuelos nostálgicos de los Beatles.

LIBROS

El más interesante y el mejor de todos es “Paul McCartney. La biografía” (Ed. Malpaso), un extenso relato de la vida de Paul McCartney escrita por Philip Norman, que fuera autor de una de las historias más completas de The Beatles (“¡Gritad!. La verdadera historia de los Beatles”. Ultramar Editores) y de otra biografía de John Lennon (en España la publicó Anagrama). Se trata de una visión muy completa (853 páginas) de la vida de uno de los dos supervivientes del grupo de Liverpool en la que se cuentan aspectos inéditos o muy poco conocidos tanto de los Beatles como del propio McCartney, desde sus años de colegial a las últimas experiencias musicales y biográficas (incluidas las de sus últimos matrimonios), sin evadir las relaciones con las drogas y el sexo. Para este libro Philip Norman entrevistó a muchas personas relacionadas con los componentes del grupo.

Otro libro original e interesante, muy adecuado para regalo navideño, es “The Beatles. 501 historias que deberías conocer” (Ed. Milenio), de Jordi Melgosa, Iván Moldes, Josep Molist y Jordi Zaragoza, que han rastreado en la historia de grupo y recopilado una serie de anécdotas y datos, algunos muy poco conocidos, de los cuatro miembros del grupo.

FELIZ NAVIDAD

En la primera entrega de esta serie hablábamos de las grabaciones que los Beatles hacían exclusivamente para sus clubs de fans con villancicos y canciones navideñas, no tanto (al menos al principio) por el mercado, como por la oportunidad de estar presentes entre ellos durante esas fechas. Todos los años el grupo organizaba también actuaciones especiales (Beatles Christmas Show), y hacían grabaciones ad hoc, hoy verdaderas piezas de coleccionista (hay una recopilación de estos temas con el título de “The Beatles Christmas Álbum”). A partir de ahora estas grabaciones ya no serán difíciles de encontrar porque acaba de salir en Inglaterra con el título de “Christmas Records” una caja con siete vinilos que recogen estos temas navideños grabados entre 1963 y 1969.

Y como ya ocurriera en 2013 con el lanzamiento en kioskos de la colección de todos los LPs de The Beatles en formato CD, cuyo final coincidía con las fechas navideñas, este año se ha utilizado el mismo sistema para editar los mismos discos  pero ahora en vinilo, con las portadas y materiales originales de todos ellos.

CELEBRACIÓN DEL SARGENTO

Otro regalo estrella de los Beatles para estas navidades es el relacionado con el 50 aniversario de su álbum más representativo, “Sargeant Peppers Lonely Hearts Club Band”. Se ha publicado un documental y una edición de esta obra que incluye temas inicialmente pensados para formar parte del disco pero que finalmente se quedaron fuera.

En unas declaraciones realizadas muchos años después de la publicación de “Sgt. Peppers”, el productor de The Beatles George Martin confesaba que el gran error de su labor como responsable de la edición de los discos del cuarteto de Liverpool había sido no incluir en el disco original los temas “Penny Lane” y “Strawberry fields forever”, inicialmente compuestos por John Lenon y Paul McCartney para aquella grabación. Las dos canciones fueron editadas como caras A y B de un single que ni siquiera llegó al número uno de las listas de ventas, lo que hizo dudar a todos sobre la viabilidad del ambicioso proyecto que suponía el “Sargeant Peppers”, sobre el que trabajaban desde noviembre de 1966, un álbum que planteaba por primera vez en la música pop-rock una obra operística en la que todos los temas estuvieran relacionados entre sí,  sin interrupciones, donde la última nota de cada uno de ellos enlazara con la primera del siguiente, un formato conceptual que ya habían experimentado los Beach Boys, un grupo de la costa oeste de los Estados Unidos liderado por Brian Wilson, poco conocido entonces en Europa, con su álbum “Pet Sounds”.

Aquel error se ha paliado ahora en la edición conmemorativa del cincuentenario de la publicación del disco (se editó en junio de 1967), estrella de una serie de iniciativas que vienen celebrándose sobre el evento. Se trata de un doble CD que incluye el álbum original remasterizado y otro con tomas diversas (muchas instrumentales) de todos sus temas. Hay también fragmentos de ensayos, diálogos, comentarios sobre hallazgos instrumentales, críticas, bromas… La comparación entre las tomas previas de algunas canciones con el resultado final de las versiones definitivas proporciona elementos para valorar en su medida los arreglos de Martin y la instrumentalización añadida. El hijo de George Martin, Giles Martin, es el responsable de la producción de este disco conmemorativo que corrige aquel error confesado por su padre. Una edición de lujo aún no publicada en España, “Super De Luxe Edition”, contiene seis discos, un DVD con el documental “The Making of Sgt. Peppers” sobre cómo se hizo el álbum, que permanecía inédito desde su realización en 1992, un libro de tapa dura de 144 páginas y un vinilo con la grabación original en mono de los temas de “Sgt. Peppers”.

En el prólogo del libro que se incluye en el doble CD, que la edición española recoge resumido, Paul McCartney explica el origen del nombre del álbum, cómo se le ocurrió inventar una banda ficticia que fuera como un alter ego de los propios Beatles y los primeros contactos del grupo con el artista pop Peter Blake y con su entonces esposa Jann Haworth para diseñar la famosa portada, un collage  en el que figuran estrellas de cine, filósofos, escritores, poetas, deportistas… en una mezcla heteróclita de representantes de todas las culturas en la que se alinean junto a los fab four una serie de iconos que protagonizaron una buena parte de la cultura de los siglos XIX y XX, en la que coinciden Karl Marx con Marilyn Monroe, el músico y compositor Stockhausen con el boxeador Sonny Liston, Oscar Wilde con el “Tarzán” Johnny Weismuller, Marlon Brando con Albert Eistein…

En ese mismo librito, con fotografías de lo que pudieron ser portadas alternativas, Giles Martin afirma que este disco, grabado hace cinco décadas, no es música contemporánea porque en realidad se sitúa fuera del tiempo. En estas páginas se hace un recorrido por la génesis y el desarrollo del álbum y se explican las características técnicas de las grabaciones de cada uno de los temas. Y, por supuesto, como en el original, se incluyen también las letras de las canciones, incluidas las de “Penny Lane” y “Strawberry Fields Forever”.

UN DOCUMENTAL CONMEMORATIVO

La otra gran producción relacionada con el evento es el documental de Alan G. Parker “It Was Fifty Years Ago. The Beatles: Sgt Peppers & Beyond”, sobre la gestación y la grabación del mítico disco y acerca de los orígenes del grupo. Se incluyen entrevistas recientes con la hermana de John Lennon y con Pete Best, el batería a quien sustituyó Ringo Starr; con Hunter Davies, el biógrafo oficial del grupo, junto a viejas grabaciones de archivo de los miembros del grupo y testimonios de personas que vivieron de cerca su meteórica carrera.

Se trata de un documental clásico, realizado con las técnicas del gran reportaje informativo, que no llega a alcanzar una calidad suficiente para una conmemoración de la importancia de este cincuentenario. Se incluyen muchos acontecimientos ya muy conocidos, se insiste sobre las personalidades de cada uno de los Beatles sin aportar nada nuevo sino apenas algunos testimonios  de los entrevistados, muchos de ellos muy repetidos en otras ocasiones.

 

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LOS NOVENTA AÑOS DE SÁNCHEZ FERLOSIO

 

 

La llamada generación del medio siglo tuvo en sus filas a escritores que dieron obras importantes a la literatura española contemporánea. Poetas y prosistas nacidos desde la década de los años veinte hasta la guerra civil, su nombre se debe a que todos ellos comenzaron a publicar en torno a 1950, durante la dictadura del general Franco.

De origen burgués y formación universitaria, estos escritores crearon una obra que se asocia con la protesta social y la lucha antifranquista. Ignacio Aldecoa, Luis Martín-Santos, Juan García Hortelano, Caballero Bonald, Alfonso Grosso, Ángel González, Juan Marsé… forman parte de esa generación entre cuyos supervivientes destaca la figura de Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927), un intelectual (él prefiere calificarse como plumífero) que navegó en los ámbitos de la novela, el ensayo y el periodismo a una altura poco común en un país y en unos años en los que el paisaje literario era un páramo sobre el que destacaban unos pocos creadores a modo de oasis excepcionales. un páramo sobre el que destacaban unos pocos creadores a modo de oasis excepcionales. Sánchez Ferlosio cumple 90 años el 4 de diciembre.

ESCRITOR, INTELECTUAL, POLEMISTA

Hijo de Rafael Sánchez Mazas, fundador de Falange que destacara en la guerra civil al lado de las tropas nacionales de Franco y después como ministro de su primer gobierno (también escritor: “La vida nueva de Pedrito de Andía”), Sánchez Ferlosio saltó al ruedo literario con la fundación de la neorrealista “Revista española”, en la que colaboraban Aldecoa, Alfonso Sastre y Jesús Fernández-Santos. Su primera novela fue “Industrias y andanzas de Alfanhuí” (1951), un experimento poético y fantástico con el que se distanció del realismo social de aquellos años y que aún hoy se lee con placer. El éxito literario le llegó de la mano de “El Jarama”, premio Nadal de 1956, una novela que rompió los esquemas de la narrativa española del siglo XX y situó a su autor entre los innovadores de la literatura española. Junto a la renovación del lenguaje la novela es una mirada crítica a la sociedad española del franquismo. Sorprendentemente, frente a la acogida de la crítica y de los lectores, Sánchez Ferlosio llegó a aborrecer esta obra y a negar los valores literarios y sociales que se le atribuyen (“El Jarama es una invención de Castellet, que lo puso por las nubes”, dijo recientemente en una entrevista). De hecho no volvió a publicar novelas hasta 30 años después, cuando se editó “El testimonio de Yarfoz” (1986), una parábola moral sobre los valores humanos, que forma parte de “Historia de las guerras barciales”, un ambicioso proyecto inédito del que por ahora, además del Yarfoz, sólo se conoce el título. Ese mismo año publicó también dos cuentos en colecciones juveniles: “El huésped de las nieves” y “El escudo de Jotán”. Durante todo ese tiempo, tomando como base científica la “Teoría del lenguaje” de Karl Bühler, Ferlosio se recluyó en los estudios lingüísticos y semánticos, un campo que ya había experimentado en ensayos y artículos, llenos de hipotaxis y quiasmos, y en los giros y modismos del habla popular de sus novelas, que parecen volcados de una grabación magnetofónica. Entre los ensayos y recopilaciones de aquella larga etapa figuran los dos volúmenes de “Las semanas del jardín” (1974) (una meditación sobre los límites de la representación de la realidad en la literatura, según José Carlos Mainer), “Mientras los dioses no cambien nada ha cambiado”, “Campo de Marte I. El ejército nacional” y “La homilía del ratón”, todos de 1986. Después, en una inusitada actividad para su edad, publica “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos” (1993), “Esas Yndias equivocadas y malditas” (1994), “La hija de la guerra y la madre de la patria” (2002), “Non olet” (2003), “Sobre la guerra” (2007), “Gold & Gun. Apuntes de polemología” (2008)… ensayos todos ellos al margen de la corrección política y la temática de actualidad en los que Sánchez Ferlosio muestra un conocimiento ilimitado sobre los temas más versátiles y hasta antitéticos: de la Filosofía de la Historia de Polibio de Magalópolis al feminismo “astrológico” de Kylie Minogue. Según Fernando Savater, la forma de pensar de Sánchez Ferlosio es un “pensar a la contra”, una permanente vocación negativa, más que negadora.

En la última etapa Sánchez Ferlosio viene cultivando una imagen pública de perfil excéntrico y aspecto desaliñado, volcado totalmente en la creación de una obra de un alto contenido intelectual, que incita a la reflexión y a planteamientos originales en torno a múltiples temas: la vida, la historia, la guerra, la religión, el destino, las pasiones, la justicia, la belleza, el arte, el lenguaje…

Después de recibir el Premio Cervantes en 2004 Sánchez Ferlosio publicó ese mismo año sus aforismos (a los que llama pecios) en “Campo de retamas” e inició la reedición de toda su obra ensayística (con algunos inéditos) que ha publicado en cuatro volúmenes, el primero de los cuales, “Altos estudios eclesiásticos” (un título muy expresivo que tiene su origen en el retiro de aquellos clérigos que, afectados por algún escándalo, son apartados del mundo con la excusa de que es para dedicarse a “altos estudios eclesiásticos”), de subtítulo “Gramática. Narración. Diversiones” (2015) se abre con un poema de Marta Sánchez Martín (la hija de su primer matrimonio con Carmen Martín Gaite, fallecida en 1985 a los 28 años). En el segundo, “Gastos, disgustos y tiempo perdido” (2016) se incluyen sus artículos periodísticos, que también recoge en el tercero, “Babel contra Babel” (2017). En el último, “QWERTYUIOP” (título extraído del orden de la primera línea del teclado mecanográfico) reúne escritos sobre temas tan versátiles como la enseñanza, el trabajo, la televisión o la publicidad. Aunque los cuatro volúmenes puedan parecer el testamento de una obra magnífica, sus lectores aún esperamos que a los 90 años continúe regalándonos nuevos escritos, siempre enriquecedores. Felicidades, maestro.

 

 

TODO FORTUNY EN EL MUSEO DEL PRADO

El Museo del Prado expone la más completa muestra de la obra y la colección de Mariano Fortuny

Nadie puede intuir el lugar que Mariano Fortuny habría ocupado en la historia del arte universal si una repentina enfermedad no hubiera terminado con su vida cuando sólo contaba 36 años. Aún así, este pintor nacido en Reus en 1838 es, con Goya, el artista español del siglo XIX que gozó de un mayor reconocimiento internacional.

Fortuny fue uno de los más versátiles creadores del siglo XIX español. A sus facetas de pintor, acuarelista, dibujante y grabador se añade su afición al coleccionismo de antigüedades, sobre todo hispanomusulmanas, que atesoraba en su atelier de la Villa Martinori en Roma y que pueden verse en algunos de sus cuadros. Todas estas facetas están presentes en una amplia exposición que ocupa dos salas completas del Museo del Prado, ordenadas cronológicamente desde su etapa de formación en Roma hasta el último año de su vida en Portici, la localidad del sur de Italia al pie del Vesubio donde se había instalado cuando había decidido romper con el marchante francés Adolphe Goupil una relación que le obligaba a dedicarse a encargos para el mercado antes que a su creatividad personal.

UN COMPLETO ITINERARIO

De su formación académica en Roma, que le facilitó el contacto con el arte del Renacimiento y el Barroco, destacan aquí trabajos a lápiz (“Desnudo infantil con flauta”), a acuarela (“Il Contino”) y al óleo (“Odalisca”) que anuncian ya la presencia de un artista de amplia visión. Cuando regresa a España en 1860 vive una de las etapas más creativas e influyentes durante su primer viaje a África becado por la Diputación de Barcelona, que estaba interesada en publicitar la presencia de un batallón de voluntarios catalanes al mando del general Prim en la guerra hispanomarroquí. Pintó episodios de aquella contienda, de los que fue testigo, en cuadros como “La batalla de Wad-Ras” y “La batalla de Tetuán”. En África descubrió unos espacios y una nueva luz que liberaron su obra de las convenciones del academicismo y le proporcionaron colores más brillantes. El norte del continente africano le suministró algunos de los temas que no abandonó nunca, centrados en los tipos árabes y sus costumbres (“Fantasía árabe”, “Un marroquí”, “Calle de Tánger”, “El fumador de opio”), con los que se ganó un merecido prestigio entre los artistas europeos divulgadores del arte oriental. Además de África, Fortuny conocía y valoraba el arte persa y el japonés, que influyeron en su técnica pictórica.

Volvió a los motivos árabes durante su nueva estancia en Roma en 1863, que alternaba con escenas y tipos populares de las calles de la ciudad. De esta época es “La Fonte Gaia en la Piazza del Campo en Siena” y “Fantasía sobre Fausto”, en el que representa su gusto por la música en un concierto del pianista Juan Bautista Pujol. A estos años pertenecen también sus tauromaquias “Corrida de toros” y “Picador herido”.

En Granada, donde vivió entre 1870 y 1872, abordó temas de arquitectura, rincones urbanos, paisajes y jardines sobre los que pintaba escenas de género y otras ambientadas en el pasado medieval islámico y renacentista. Creó nuevos espacios con elementos procedentes de lugares distintos. “Ayuntamiento viejo de Granada”, “Almuerzo en La Alhambra” y “Pasatiempos de hijosdalgos” se enmarcan en esta faceta. También hizo pinturas de objetos y figuras del natural, como “Viejo desnudo al sol”, y de paisajes y jardines a los que dotó de colores y ambientes nuevos: “La Carrera del Darro”.

En su nueva visita a Roma en 1873 Fortuny vuelve a los temas africanos con “Árabe apoyado en un tapiz” y “Fantasía árabe a la puerta de Tánger”, esta vez con una ejecución más sintética. Pinta también escenas de la vida cotidiana (“Carnaval en el corso romano”) y de género (“La elección de la modelo”). Elige la localidad de Portici para asentarse allí en el que iba a ser último año de su vida y se sumerge en la naturaleza que plasma en “Paisaje napolitano” y “Paisaje de Portici”. Es en estos años cuando pinta los cuadros de niños desnudos en la playa en los que algunos autores han visto su influencia en los posteriores de Sorolla.

El retrato fue otro de los géneros que Fortuny abordó con frecuencia. Aquí están los de “Mirope Savati, la esposa italiana de José Gaye, “Cecilia de Madrazo” (su esposa, hija del pintor y director del Museo del Prado Federico de Madrazo), “Emma Zaragoza” y, sobre todo “La reina María Cristina y su hija la reina Isabel pasando revista a las baterías de artillería”. Este cuadro se puede ver ahora en el Prado colocado en el techo, la posición en la que fue concebido originalmente para la residencia en París de María Cristina de Borbón. Junto a esta faceta, Fortuny practicó también la de copista de obras de grandes clásicos (Velázquez, Goya, El Greco, Ribera) y la de recreación de temas del siglo XVIII como “El aficionado a las estampas”, “El vendedor de tapices” y “La vicaría”. En estos últimos recreó un mundo de belleza decorado con motivos y ornamentos de la época.

De sus últimos años figuran aquí cuadros en los que Fortuny volvía a los motivos que le fascinaron durante toda su vida: temas árabes ahora con más dinamismo y expresividad y de colorido más intenso (“Marroquíes subiendo a una cumbre”, “Árabe ante un tapiz” y “Músicos árabes”, este inacabado: estaba trabajando en él cuando murió); cuadros inspirados en la estética orientalista japonesa y escenas de la vida cotidiana y familiar con su esposa y sus hijos, a veces combinados, como en “Los hijos del pintor en el salón japonés”.

De su faceta de grabador hay aquí representaciones de litografías y aguafuertes con motivos árabes y otros en los que introduce un cierto ambiente de misterio, como en “El anacoreta”, cuya lámina de cobre figura en la exposición.

Sobresale por su originalidad en esta exposición la faceta de coleccionista de Fortuny con objetos que el pintor acumuló durante años en sus contactos con anticuarios y coleccionistas. Armas, cerámicas, muebles, cofres, textiles, espejos, mascarillas, vajillas, grabados japoneses… algunos de los cuales él mismo restauró, jalonan el recorrido de la exposición.

Más de sesenta obras se muestran por primera vez fuera de sus lugares de procedencia y otras 12 nunca lo habían hecho públicamente (pertenecen a coleccionistas privados), por lo que la exposición ofrece una ocasión única para contemplarlas en conjunto. Es todo un detalle que en cada sala se muestren fotografías del autor en cada época.

 

TÍTULO: Fortuny (1838-1874)

LUGAR. Museo del Prado. Madrid

FECHAS. Hasta el 18 de marzo de 2018