CARAVAGGIO Y SU ESTELA EUROPEA

 

 

 

Caravaggio: los músicos

 

 

 

 

 

 

Caravaggio llegó a Roma en 1590 cuando la ciudad era ya la capital del arte europeo. El joven Miguel Ángel Merisi (el nombre de Caravaggio lo tomó de su villa natal al sur de Bérgamo) se había destacado desde los doce años como un sobresaliente discípulo de Simone Peterzano, de quien aprendió los primeros rudimentos en su taller de Milán. En la Lombardía Caravaggio  asimiló la influencia de los grandes maestros del norte (Savoldo, Moretto, Lorenzo Lotto y los hermanos Campi) y cuando se sintió preparado para competir con los mejores, se trasladó a Roma para triunfar en aquella ciudad en la que cientos de artistas buscaban la gloria en las decenas de talleres instalados en sus calles. Caravaggio abrió el suyo para mostrar al mundo sus nuevas ideas, con las que intentaba una visión de la realidad que rompía todos los parámetros establecidos, pero entonces el mundo aún no estaba preparado para entender su pintura. Tuvo que sobrevivir de las imágenes religiosas y devotas que le encargaban las iglesias y los monasterios. “Muchacho pelando fruta” y “Muchacho mordido por un lagarto” fueron pintados también para el mercado en aquellos primeros años romanos del artista. En “La Buenaventura” continúa introduciendo como protagonistas a gentes de la calle, una constante en su pintura: incluso en sus cuadros religiosos muchos mendigos y prostitutas sirvieron como modelos a sus imágenes de santos y vírgenes (para “Santa Catalina de Alejandría” posó la famosa cortesana Fillide Melandroni).

Víctima de la peste, que estuvo a punto de acabar con su vida, el rector del Ospedale della Consolazione, donde Caravaggio fue ingresado para su recuperación, le encomendó varias obras con destino a Sicilia y Sevilla. Era aquella una época en la que los principales valedores de los artistas se encontraban en el seno de la Iglesia romana. El cardenal Francesco Maria del Monte, fascinado por las pinturas de aquel joven que había estado en los umbrales de la muerte, le encargó las pinturas de la capilla Contarelli en San Luigi dei Francesi de Roma, para la que Caravaggio pintó una gran serie de lienzos monumentales que terminó en 1599. Para el cardenal pintó también  “Los músicos” y “Santa Catalina de Alejandría”, dos de sus obras más reconocidas. En ellos muestra sus principales experimentaciones con el color y culmina sus hallazgos en el terreno de la luz, que más tarde darían lugar al tenebrismo. Junto a un descarnado realismo y al intenso dramatismo sicológico que introduce en los gestos y actitudes de los personajes, la gran aportación de Caravaggio fue la de revolucionar el empleo de la luz, sobre todo en sus pinturas religiosas. En el “Martirio de San Mateo” aparecen  todas las características propias de este estilo.  Hay una predilección por los tipos populares del entorno, a los que sitúa en una atmósfera envolvente que los dota de una especial tridimensionalidad. En “La cena de Emaús”, los efectos de la luz sobre los personajes trasladan a sus actitudes y a sus gestos  una especial violencia contenida. Combina magistralmente dramatismo y sensibilidad en “San Juan Bautista en el desierto”, encargo del banquero Ottavio Costa,  y “El sacrificio de Isaac”, pintado a instancias del Papa Urbano VIII.

Hasta 1606 recibe continuos encargos para las iglesias romanas, para las que pinta “El descendimiento” y “La muerte de la Virgen”. En estos cuadros Caravaggio introduce en la imaginería religiosa las propiedades de la pintura de la Contrarreforma, al tiempo que muestra una nueva  interpretación de las Sagradas Escrituras, aunque tuvo que sufrir el escándalo popular que provocaban muchas de estas obras y también el rechazo por parte de algunos de sus mecenas. Así, el cuadro de San Mateo para el altar de una iglesia de Roma fue rechazado por mostrar a un viejo calvo con los pies llenos de polvo que sostenía torpemente un libro. También los frailes carmelitas  descalzos de Santa María della Scala no admitieron “La muerte de la Virgen”, pese a haberla encargado al artista, un cuadro que terminó en las colecciones del duque de Mantua gracias a los buenos oficios de Rubens. Junto a una continua renovación técnica, la pintura de Caravaggio se caracteriza por la profunda percepción que muestra de los más recónditos sentimientos del alma humana y una visión de la realidad que rompe con los parámetros establecidos.

Pintor de conducta libertina, acusado de homosexualidad y pederastia, implicado en continuas peleas tabernarias, en 1606 Caravaggio tuvo que abandonar Roma tras haber sido acusado del homicidio del pintor Ranuccio Tomassoni durante una oscura reyerta cuyas causas nunca se han terminado de aclarar. Pese a este estilo de vida Caravaggio nunca dejó de contar con la protección de sus benefactores, entre los que se contaban cardenales, papas y banqueros. Los últimos cuatro años de su vida fueron una continua búsqueda de un lugar para vivir y para pintar: Nápoles, Malta, Siracusa, Mesina. En este tiempo su pintura se fue alejando cada vez más del clasicismo y adquiriendo una nueva expresividad creativa, más sombría, en la que introduce una violencia hasta entonces inédita en el mundo del arte. “El martirio de Santa Úrsula”, en la que se autorretrata contemplando fascinado suplicio, pertenece a estos años. Regresa a Roma para morir en 1610. No están claras las causas de su muerte, que pudo haber sido por malaria, por las heridas recibidas en una de sus peleas o a causa de una insolación después de haber cabalgado durante horas bajo un fuerte sol de verano.

LA EXPOSICIÓN

La obra de Caravaggio fue muy apreciada en su época y ejerció una gran influencia sobre el arte del siglo XVII. Lo más sobresaliente de esta exposición es el hecho de haber podido reunir doce de las mejores obras de todas las etapas de Caravaggio. Distribuida en seis apartados, arranca con sus primeras obras romanas (“Muchacho pelando fruta” y “Muchacho mordido por un lagarto”), a las que acompañan obras ya más maduras como “San Juan Bautista en el desierto” (por la que fue acusado de homosexual),  la sensual  “Los músicos” y “La buenaventura”) y continúa con “El sacrificio de Isaac”, “David vencedor deGoliat”, “San Juan Bautista en el desierto”, “La coronación de espinas” y “El sacamuelas”, única obra sobre cuya autoría existen algunas dudas. Cierra le exposición “El martirio de Santa Úrsula”, la sobrecogedora pintura que resume todo su estilo y su tormentosa visión de la vida. La pintó en 1610, poco antes de su muerte en Porto Ercole, camino de una Roma a donde iba buscando la absolución papal de sus pecados.

La exposición se completa con una nutrida muestra de las obras que los pintores del centro y norte de Europa realizaron siguiendo la estela de Caravaggio. No es extraño el seguimiento de su obra por pintores de todas las latitudes. También Velázquez, Rubens y Rembrandt fueron deudores de las técnicas del artista lombardo. Aquí pueden verse cuadros de pintores conocidos como  Rubens y Ada Elsheimer, y otros ignorados en España como Dirck van Baburen, los flamencos Gerard van Honthorst y David de Haen, Nicolas Regnier, el francés Valentin de Boulugne, Louis Finson, Simon Vouet… hasta 41 artistas que siguieron la escuela de Caravaggio en Francia, Holanda y Flandes y algunos de cuyos cuadros se enfrentan a los de Caravaggio en un juego desde el que se pueden apreciar sus similitudes e influencias.

 

TÍTULO. “Caravaggio y los pitores del Norte”

LUGAR. Museo Thyssen. Madrid

FECHA. Hasta el 18 de Septiembre

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