DE FRAUDES E INDEPENDENCIAS

Después del referéndum de Quebec de 1995 en el que los no independentistas ganaron por un escaso margen, la Cámara de los Comunes de Canadá aprobó la facultad de determinar lo que, para considerar un resultado favorable a la secesión, habría de ser en las siguientes consultas una mayoría reforzada (que contempla un porcentaje muy superior al 51%). Cito el caso de Quebec porque es al que se alude cuando se habla de procesos de independencia o secesión en situaciones no coloniales, sin derecho de autodeterminación, consciente de que existen diferencias considerables con Cataluña. Más alejado está el ejemplo de Escocia, cuyas razones históricas tienen aún menos relación con la situación de la comunidad catalana. Soy de la opinión de que si en algún momento de la historia se registrase en Cataluña esa mayoría reforzada a la que se refiere el parlamento canadiense en relación con Quebec, no habría más remedio que evolucionar sin rupturas violentas y revolucionarias hacia una secesión, por dolorosa que ésta pudiera resultar para el resto de España y para un sector de la población catalana, y que en un referéndum nacional los partidos democráticos habrían de apoyar el sí a esa independencia para mantener en el futuro las mismas relaciones con Cataluña como las que se mantienen con cualquier otro país europeo . Dicho esto, creo que, en relación con el actual proceso que se dirime en Cataluña se han roto todos los procedimientos y actitudes que el sentido común y los comportamientos políticos democráticos recomiendan en decisiones de este calado. Se ha orientado a la sociedad catalana, haciendo gala en ocasiones de procedimientos más propios de los totalitarismos que de sociedades democráticas, hacia una deriva insospechada hace menos de cinco años aprovechando la debilidad de las instituciones afectadas por la crisis económica y la corrupción; es decir, se ha utilizado una situación transitoria en la que el país atravesaba graves dificultades, para promover un proceso en el que sólo una minoría pensaba antes de la crisis.
Ante las dificultades para elegir a Artur Mas como presidente de la Generalitat, algunos sectores vienen planteando la posibilidad de convocar unas nuevas elecciones. Sin ninguna explicación coherente y sin ninguna reflexión intelectual, Oriol Junqueras, el líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), posiblemente la fuerza hoy hegemónica en el movimiento independentista catalán, ha dicho que esta convocatoria sería un fraude. Es sorprendente la capacidad de los políticos para ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. A raíz de estas declaraciones se me ocurren algunas preguntas que el señor Junqueras tendría que responder sobre el concepto mismo de fraude en relación con el proceso. ¿Es un fraude acudir a unas elecciones en una coalición de partidos para aprovechar la fuerza de las uniones electorales de la ley d’Hont, que al final no se sepa cuántos votos corresponden a cada una de las formaciones que la componen, y sin embargo continuar un proceso que obligaría a aplicar tres programas políticos que no se parecen en nada excepto en la voluntad independentista de parte de sus votantes, bajo el principio de que lo importante es la “suma de voluntades soberanistas”?. Por cierto, ¿alguien ha pensado que posiblemente Convergencia Democrática de Catalunya podría no haber obtenido la mayoría de los votos de esa lista común? ¿Y no es un fraude proponer a su líder para que presida un gobierno en el que su partido posiblemente no sea mayoría en esa coalición?. No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. ¿Es un fraude acudir a unas elecciones en una lista cuya cabeza se niega en redondo a hacerse cargo de la presidencia de la Generalitat cuando la CUP estaría dispuesta a darle su apoyo para continuar el proceso independentista? ¿Es un fraude proponer sin embargo al número cuatro de esa lista como candidato a la presidencia cuando desde que se ha restaurado la democracia en este país siempre ha sido la cabeza una lista electoral a quien se postula para ese cargo para que los electores sepan con claridad a quien se vota para ese fin? No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. ¿No es un fraude acudir en coalición electoral con un partido que tiene embargadas sus sedes por operaciones de corrupción y sin embargo criticar la corrupción de todas las formaciones políticas, incluso de aquella con la que está aliada en la misma lista? ¿No es un fraude apoyar como candidato a la presidencia de una comunidad a quien ha permitido que sus gobiernos se beneficiasen de fondos procedentes de operaciones de corrupción, cuando se dice estar en contra de la corrupción? ¿No es un fraude seguir apoyando a un candidato que acusa a la juez que denunció el “caso 3%”, vinculada por cierto a ERC, de formar parte de las cloacas del Estado? No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. ¿No es un fraude utilizar los medios de comunicación públicos para hacer una información sesgada y manipulada a favor de los principios que defienden los poderes de los que depende el funcionamiento de esos medios? ¿No es un fraude convocar unas elecciones anunciando que serán plebiscitarias y después de celebradas rechazar el resultado plebiscitario salido de las urnas con la excusa de que la soberanía reside en el parlamento, cuando antes se defendía que residía en el pueblo? No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. ¿No es un fraude convocar elecciones comenzando la campaña el día siguiente al de una conmemoración nacionalista y terminarla un festivo que además cae en puente en Barcelona, sabiendo que son las grandes ciudades las que registran una mayoría de votos no nacionalistas? No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. ¿No es un fraude tensar una situación política que se sabe que no va a ninguna parte con los resultados obtenidos en las elecciones, ocultando que en realidad sólo se persigue una reacción del gobierno central que conllevaría iniciativas que inmediatamente serían fuertemente contestadas en un estallido de protesta social que con seguridad derivaría en violenta, con la intención de internacionalizar el conflicto?. ¿No es un fraude mendigar los votos de una formación política entre cuyos fines está la salida de la Unión Europea y del euro cuando durante toda la campaña electoral se trasladó a la opinión pública no sólo la intención de permanecer en ambas sino la promesa (también fraudulenta) de que la independencia no tiene como consecuencia la salida de Cataluña de las instituciones europeas?. No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. ¿No es un fraude iniciar un proceso nada menos que de independencia teniendo a la mitad de la población (sin entrar en que esa mitad sea el 49 o el 51 por ciento)en contra de ese proceso?. No estoy diciendo que sea ilegal. Sólo pregunto si no es un fraude. Por cierto, ¿con qué procedimientos piensan someter a ese 50% a la nueva situación?. No dudo que serán legales, porque se aprobarán por un parlamento salido de unas elecciones. Sólo pregunto si no serán fraudulentas.

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