MÁSCARAS DE VALLE-INCLÁN

“El que más vale no vale tanto como vale Valle”. Esta divisa nobiliaria, que figura en el escudo de los Valle-Inclán, dio pie al escritor para atribuirse unos inciertos orígenes nobiliarios heredados de sus antepasados. Su tío abuelo Benito Montenegro, que inspiró el personaje de don Juan Manuel, el de las Comedias bárbaras, descendía, según don Ramón, de una emperatriz alemana en cuyo blasón figuraban espuelas de oro sobre campo de plata. Valle-Inclán explotó siempre que pudo su ascendencia aristocrática para recrear una imagen a la que fue añadiendo los atributos intelectuales y estéticos que conforman su leyenda. Dedicó toda su vida a cultivar esta imagen que, al margen de su excepcionalidad literaria, le proporcionó un halo de originalidad que lo diferenciaba de la monotonía de sus contemporáneos. A ello se dedicó ya desde su juventud, muchas veces convirtiendo en fantasías algunas de sus vivencias y otras falseando directamente la realidad. Entre sus primeros relatos fabulosos figura el de la supuesta caza de un lobo, acompañado de su abuelo, cuando era aún un niño (pero su abuelo había muerto un año antes de que él naciera). Un reciente libro de Manuel Alberca, “La espada y la palabra”, tal vez la biografía más completa del escritor, ha rastreado entre algunas de las máscaras que Valle-Inclán utilizó a lo largo de su vida para agigantar una leyenda que lo acompañó más allá de la muerte.
Uno de los referentes literarios de sus primeros años fue el escritor José Zorrilla, un autor entonces muy popular. En su primera estancia en Madrid, que inició en 1891, Valle-Inclán dijo haberse encontrado con el insigne escritor en un tranvía que pasaba por la Puerta del Sol. De la conversación que mantuvo con Zorrilla durante el tiempo que duró el trayecto, Valle-Inclán escribió un artículo titulado “El tranvía”, que, en diferentes versiones, publicó a lo largo de varios años primero en “El Globo”, después en “Diario de Pontevedra” y por último en “El Correo Español” de México. Siempre presumía de haber intimado con su idolatrado escritor, al que llamaba “mi viejo amigo el poeta Zorrilla”, aunque se sabe que, a causa de su enfermedad, Zorrilla no salía de casa desde dos años antes de la fecha en la que Valle-Inclán decía haber coincidido con él en Madrid.
Valle-Inclán perdió su brazo izquierdo durante una pelea con el periodista Manuel Bueno, que lo molió a palos con un bastón de hierro que utilizaba habitualmente. Uno de los golpes le afectó a los huesos de su muñeca y la infección interna, no detectada en los primeros auxilios, le produjo una gangrena que obligó a una dolorosa amputación. El escritor contaba la pérdida de su brazo de mil maneras diferentes, a cual más fantasiosa. La Asociación de la Prensa reunió dinero para financiarle un brazo ortopédico que nunca llegó a comprar.
Durante su estancia en Roma como director de la Academia de Bellas Artes de España, trabó amistad con el matrimonio formado por el agregado militar de la embajada de España, el comandante de aviación Ignacio Hidalgo de Cisneros y su mujer, la aristócrata madrileña Constancia de la Mora. El militar fue encargado por el gobierno español a una misión para ayudar a huir a Francia al dirigente socialista Indalecio Prieto, perseguido por la policía por su apoyo a la revolución de octubre en Asturias. Cisneros contó a Valle-Inclán con todo lujo de detalles cómo había sacado a Indalecio Prieto escondido en el maletero de su automóvil, que pasó todos los controles gracias a su uniforme militar. Días más tarde, en una tertulia improvisada en su domicilio, Valle-Inclán contaba a los asistentes cómo se había organizado y llevado a cabo la evasión de Indalecio Prieto a Francia. Lo más sorprendente es que el propio Valle-Inclán aseguraba que él mismo había sido el organizador y el protagonista de la fuga. Sorprendente, sobre todo, teniendo en cuenta que entre los contertulios estaba el propio comandante Cisneros, que escuchaba atónito el relato, y al que don Ramón se dirigía con toda naturalidad para contarle una aventura que él mismo había protagonizado.
Por extraño que pueda parecer, las fantasías continuaron más allá de su muerte. En muchas de sus biografías se cuenta que durante su entierro, en medio de una lluvia torrencial, un joven anarquista, Modesto Pasín, se abalanzó sobre la tumba ya abierta para arrancar la cruz que figuraba en la tapa del ataúd, que dejó al descubierto el cadáver de Valle-Inclán a través de un boquete provocado por la acción del anarquista. Resulta extraño que un incidente tan destacado, de haberse producido, no figurase en ninguna de las crónicas del entierro, que recogieron prácticamente todos los periódicos. Pese a lo cual se ha tenido por cierto durante muchos años.

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QUIJOTES PARA TODOS

Acaba de publicarse una encuesta del CIS que revela que “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha”, la obra cumbre de la literatura española y una de las más importantes de la literatura universal, en la actualidad sólo la leen dos de cada diez españoles y que a casi la mitad de éstos (40%) no les ha gustado. Incluso es posible que los resultaos sean peores porque se dice que hay quien se avergüenza de reconocer que no lo ha leído. Este año, en que se conmemora el 400 aniversario de la publicación de la segunda parte del Quijote, se han registrado varias iniciativas que pueden mejorar estos datos porque tratan de hacer llegar esta obra a todo tipo de lectores.
PARA LECTORES EXIGENTES
La Real Academia Española acaba de publicar la edición más completa de la historia de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Son dos volúmenes pensados para quienes quieren ir más allá de la simple lectura del clásico y aspiran a comprender la historia, el arte, la cultura y todo lo que se pueda relacionar con la época en la que don Miguel de Cervantes situó las aventuras y desventuras de su personaje. Junto al texto del Quijote, exhaustivamente anotado, se incluyen ensayos que explican diversos aspectos de la obra, gráficos con los mapas de los territorios en los que se movieron el ingenioso hidalgo y Sancho, ilustraciones de todas las épocas, la bibliografía más amplia jamás registrada… La de la RAE es una de esas obras que se agradecen sobre todo por quienes conocen ya la obra y quieren acceder a nuevos niveles de lectura.
PARA ESTUDIANTES
El Quijote suele ser una de las lecturas obligatorias en los colegios para los estudiantes de la asignatura de Literatura. Lo fue por ley en 1920, con el apoyo de Unamuno y pese a la oposición de Ortega y Gasset. Algunos, sobre todo los más jóvenes, encuentran dificultades para leer y entender un texto escrito en el castellano del siglo XVII, aún con las adaptaciones que han venido haciéndose con el tiempo, lo que en muchos provoca una sensación de fracaso y en ocasiones, como de rebote, un rechazo a la obra. A iniciativa también de la RAE, el escritor Arturo Pérez Reverte ha trabajado en un Quijote para estudiantes, que acaba de publicar la editorial Santillana, “podando” del texto original todo lo que pudiera distraer de la trama básica del relato, remitiendo a enlaces los pasajes recortados. Y para una mejor comprensión del texto, Reverte ha actualizado algunas palabras que ya no se usan o no se entienden.
PARA VAGOS
Esta actualización del idioma es la que ha abordado el escritor Andrés Trapiello para “su” Quijote, que publica la editorial Destino, un trabajo en el que ha invertido 14 años. La encuesta del CIS que citábamos al principio recoge que el 66 por ciento de los que piensan que el Quijote es una obra difícil de leer dicen que lo es por el lenguaje en que está escrita. Para estos tal vez la solución sea la traducción atrevida que hace Andrés Trapiello de la obra de Cervantes, utilizando equivalentes contemporáneos a palabras y expresiones que ya no se utilizan o no se entienden. Así, el lector ya no tendrá que acudir al diccionario para conocer el significado de muchas de las palabras que Cervantes utilizó en la obra. Trapiello aclara los giros cervantinos que son más difíciles de entender en la escritura original, actualiza algunos de los refranes diseminados a lo largo de la obra y traduce al castellano actual el léxico que puede resultar ininteligible. El resultado mantiene la esencia del original. El mejor ejemplo puede ser el párrafo más conocido, aquel con el que comiénzala obra:
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino”.

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos. El resto della lo concluían un sayo de velarte negro y, para las fiestas, calzas de terciopelo con sus pantuflos a juego, honrándose entre semana con un traje pardo de lo más fino”.

Supongo que no es necesario señalar que las adaptaciones para estudiantes y esta que yo llamo para vagos han desatado una fuerte polémica sobre estas iniciativas. Los puristas han puesto el grito en el cielo como si se tratara de herejías literarias. El escritor y crítico Alberto Mangel (Babelia, 30/05/2015) considera que estas versiones son un síntoma de pereza intelectual, pensados para lectores que no quieren perder el tiempo, y que al quitarle las palabras difíciles se destruye el texto. Otros lo han entendido como un servicio a los lectores incapaces de abordar la lectura del Quijote precisamente por las incomodidades que suponen las peculiaridades del idioma en el que está escrito. Algunos (Fernando Aramburu. “El Quijote de Trapiello”. El País. 15/06/2015) han agradecido el trabajo y lamentado que no se haya hecho algo así cuando eran estudiantes. Como ocurre en todas las polémicas, hay razones válidas en todos los bandos. Pero no hay que olvidar que la puesta en lenguaje actual, respetando las características del texto original, es algo que viene haciéndose desde siempre. No hay más que leer cualquiera de las ediciones del “Cantar de Mio Cid” o de “La Celestina” para entender que el lenguaje que se utiliza en estas ediciones no es el original de la época en la que se escribieron las obras.